El árbol de la paz

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El autor es periodista. Reside en Santo Domingo

La Semana Santa es una buena época para pasar revista, tanto personal como colectiva. Hay una crisis general en la sociedad dominicana, y cuando el músculo descansa es la hora de ver las alternativas. En lo social, estamos al borde de un terrible terremoto, en lo político en un callejón sin salida, y en la convivencia, en un colapso total.

Todos los sectores de la vida nacional deben pasar a la meditación. Ver por el camino que se va transitando. Es en la hora de los hornos que vive la nación, y al parecer a nadie le importa. La delincuencia está acorralando a todos, La violencia ciega, es la obligatoria primera página de los periódicos.

 De forma individual o colectiva, nada se puede corregir, sino hay una acción y un deseo de que se dé un cambio profundo. Se tiene que comenzar a trabajar desde este momento, para poder arribar a buen puerto. Pero los vientos huracanados nos zarandean.

Los primeros problemas de la República Dominicana tienen que ver con la falta de oportunidades. La mala distribución de las riquezas lo es todo. No es quitar a los ricos, o dar todo a los pobres. Es que se dé un equilibrio que permita la convivencia civilizada.

Los principales partidos políticos están inmersos en causas particulares. Puede ser que tengan en primera persona la lucha contra los males sociales, pero todavía no aflora la hora de las realizaciones. Hay que quitarle soldados a la delincuencia, y para ello hay que ir a mejorar las condiciones de vida de la mayoría irredenta. Sobre todo a miles de jóvenes que tienen las puertas cerradas al progreso, desde el momento en que nacen.

Hay que buscar la paz entre la Patronal y los sindicatos. No puede ser  la tranquilidad  de acuerdos que solo se encuentran pergeñados en letras, sino un  compromiso cierto y efectivo de que todos tienen que aportar a la paz y la tranquilidad, sobre todo lo que más tienen que perder.

Decía un viejo aforisma que los esclavos solo pueden perder las cadenas, ya que ni siquiera la vida era de su propiedad. Hoy vivimos en un mundo civilizado donde el diálogo se debe imponer a la acción violenta. Lejos estamos de las viejas recetas de soluciones apoyadas por la culata del fusil, por lo tanto hay que mantener vivo el árbol del dialogo.

Por desgracia, se torna al día de hoy casi un imposible poder unir todos los pedazos que conforman a la sociedad dominicana. Hay esperanzas de que se pueda dar el dialogo y  la concertación, que es uno de los puntos fundamentales del ajetreo  social. La Semana Santa, cuando el musculo descansa, es buen momento para reflexionar. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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