A usted le venden con una propaganda enfermiza la idea de que «La Gunguna» es, en efecto, la mejor película dominicana. Sin embargo, ¿cuántas veces hemos escuchado eso? ¡Muchísimas veces!
Y no lo es, pero digamos que es una película diferente al resto, precisamente porque penetra con agallas la edificación narrativa del cine coral (anacrónico) para mostrar, a través de historias entrecruzadas y múltiples personajes, la macilenta ola de violencia con la que el crimen mancha la sociedad dominicana desde el pasado hasta nuestros tiempos. Lo enfoca desde adentro con varias referencias de la cultura criolla. De hecho, el comentario social de las bajezas, la pobreza y la corrupción del pueblo dominicano es lo más interesante.
Ahora bien, lo menos interesante son los diálogos artificiales del guion de Miguel Yarull (escritor del cuento original), las actuaciones sobreactuadas (en su mayoría sin convicción y con una expresividad fingida) y la pretenciosidad de las escenas, que forcejea sin mucho ánimo la interacción de los personajes; personajes que, con la excepción de Montás (Gerardo Mercedes) y Pineda (Miguel Ángel Martínez), quienes son los que actúan de forma más natural, pretenden ser dominicanos sin parecer dominicanos. Eso, evidentemente, no profundiza el desarrollo de los personajes y debilita las acciones que los relatos introducen hasta hacerlos tan blandos como un pan sobao’. Incluso algunos se quedan en el aire: totalmente inconclusos.
Ernesto Alemany, en su ópera prima, no logra una efectividad dramática con los personajes y las escenas, pero las técnicas fílmicas de su lenguaje cinematográfico están bien elaboradas. Además de que el montaje alterna el orden de las escenas con presteza y fluidez; y la exquisitez de la fotografía de Juan Carlos Franco denota un filtro amarillento y baja iluminación cuando capta la atmósfera urbana de los barrios de Santo Domingo por las noches en las escenas exteriores.
Quizá para muchos sea una película «bacana» que satiriza con un humor negro y simplón las peripecias de los dominicanos, pero para mí, no tanto. El cine dominicano todavía no ha podido lograr una crónica cinematográfica que tenga coherencia.
Calificación: 6/10
jpm


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