Años atrás, cuando iniciaba mis andanzas en estos menesteres de la comunicación participaba en cursillos, Talleres, Seminarios y todo lo que pudiera ser de provecho complementario en la adquisición de conocimientos.
No había llegado tanta tecnología digital a nuestro país, pero ya se hablaba de las cámaras de vigilancia y esas cosas aunque la cortina no se abría tanto para el público común y corriente.
Es bueno recordar, que el primer uso documentado de cámara de seguridad es del año 1942 en plena 2da Guerra Mundial, por parte del ejército alemán.
La aplicación de esa tecnología con el paso del tiempo, contribuye bastante con la seguridad de ciudades, locales comerciales, empresas, fincas y residencias.
Es difícil hoy día, no encontrar en países desarrollados ciudades enteras con sus calles repletas de cámaras de vigilancia instaladas.
Es más, hasta los agentes policiales que patrullan en calles y carreteras usan cámaras en sus uniformes para registrar todo el accionar durante su horario de trabajo.
Si bien es cierto, que la vigilancia con cámaras de seguridad otorga cierta tranquilidad, las mismas no podrán detener al delincuente en el momento de cometer la infracción, aunque posteriormente la grabación contribuya a su identificación y posible captura.
En nuestro país, poco a poco se incrementa el uso de esas cámaras y es innegable el servicio que prestan.
Recientemente agentes de la Policía Nacional apresaron un par de jóvenes que habían asaltado a varias mujeres y fueron captados por cámaras de seguridad instaladas en el entorno.
La evolución de esa tecnología aplicada a dispositivos de vigilancia raya con lo sensacional. ¡Y eso, que es lo que se da a conocer al público!
Ahora tenemos botones, encendedores, llaveros, bolígrafos, micrófonos que parecen granos de habichuelas, relojes entre otros muchos, que hacen las veces de cámaras de vigilancia espías, y graban audio y vídeo de buena calidad.
Toda persona, funcionario público, empresario, periodista, comunicador, dirigente político, comunitario u obrero, debe estar consciente que en cualquier reunión alguien puede estar grabando la conversación sin despertar la más mínima sospecha.
Cuidemos lo que hablamos, con quien hablamos y cómo hablamos de los demás.


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