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SAO PAULO.- Hartos de la corrupción de proporciones épicas en Petrobras, los precios que suben y el empleo que cae, casi medio millón de brasileños vestidos con el verde y amarillo de la bandera nacional se volcaron a las calles para exigir la salida de la presidenta Dilma Rousseff.
Hasta ahora la tercera gran protesta contra el gobierno en seis meses -pacífica y en clima de carnaval- parece haber congregado a menos o igual número de manifestantes que ediciones anteriores: un balance del portal G1 informó que unas 436,000 personas marcharon en 136 ciudades de Brasil según la policía, mientras los organizadores estimaron unas 704.000. Pero estas cifras no contabilizan aún la manifestación que colmó gran parte de la avenida Paulista en Sao Paulo, centro económico de Brasil y su mayor ciudad, con 11 millones de habitantes, así como Rio de Janeiro y otras ciudades.
Por primera vez, el senador y líder de la oposición (PSDB, centro) Aecio Neves, que perdió en octubre el balotaje contra Rousseff por apenas 3 puntos porcentuales, participó en la protesta de Belo Horizonte (sureste) vestido con una camiseta polo amarilla. “¡Basta de tanta corrupción! ¡Mi partido es Brasil!”, gritó Neves a los manifestantes.
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