La encuesta presentada en mayo por la firma Mark Penn/Stagwel, que atribuyó un 39% de la intención del voto a Luis Rodolfo Abinader, y un 37% a Gonzalo Castillo, fue telefónica, igual que la del Centro Económico del Cibao (CEC), que asignó un 53.8% al candidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM), y un 29.5% al del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
En los primeros días de junio, difundimos un artículo titulado “Dos encuestas y Abinader/53.8%”, en el que indicaba que la hecha por la firma dirigida por Bernardo Vega fue telefónica y la de Leonardo Aguilera presencial, especificando que este último método es más confiable.
El día 4, Vega nos escribió por correo: “muy útil tu comentario comparando encuestas, excepto que, como verás anexo, la del Cibao también fue por teléfono”, significando, implícitamente, que si una adolece de alguna falencia, la otra también la carga sobre sus hombros. El agregado fueron dos recortes de los rotativos Hoy y El Nuevo Diario, donde se verifica que ambas utilizaron la misma metodología.
La manipulación en el estuche de una orquestada campaña desinformativa sorprende hasta al más despierto –en un descuido en su pestañear-, sobre todo cuando se escucha una versión por un programa televisivo, se repite por otro similar y se mal interpreta la exposición de un tercero interesado en un conocido espacio meridiano de la TV.
Establecido que las dos fueron telefónicas –en un ejercicio libre del deber profesional para mejor ilustrar a nuestros lectores-, habría que preguntarse las razones de las distancias estadísticas entre una y otra, las tendencias con respecto a las anteriores realizadas presenciales, el uso de las bases de datos usadas o padrón, y la representatividad de las muestras.
Justo es hacer constar que en República Dominicana no existe tradición de encuestas telefónicas, y que estas fueron alumbradas por la pandemia. Las que dicen que efectúan programas radiales y televisivos no son tales, en lo más mínimo, por la carencia de una población definida, una muestra, las técnicas de muestreo aleatorio, los mapas conceptuales, los diseños estadísticos y por otras limitaciones teóricas y de campo.
Mientras tanto, queremos ratificar la profesionalidad y precisión de las encuestas pasadas de Aguilera y Vega, y que el problema de las actuales radica en el teléfono:
1. Al escoger ese aparato de telecomunicación desde el padrón electoral, «se asume» que todos tienen teléfono, y en la realidad no es así.
2. Al ser el teléfono la clave, su falta conlleva un porcentaje de «ausencia telefónica» que provoca que la sustitución de los elementos muéstrales sea relativamente alta, relacionada con la «ausencia domiciliaria» de las encuestas cara a cara.
3. A fin de cuentas, a poco menos de un mes veremos los resultados de la encuesta concluyente, la encuesta madre que aportará evidencias para calificar o descalificar los productos investigativos que se están pariendo. El retrato final está en camino, y pronto veremos el «photo finish» y las caras de los encuestadores.
Aguardemos el día 5 de julio para ver los guarismos terminantes de las firmas de Aguilera y Vega. Qué sus destrezas y Dios los acompañe… !!
JPM


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