El acto del pasado lunes en la Biblioteca Nacional en el que se presentó una nueva edición del libro de Jimmy Sierra, fue bonito, emotivo y lleno de anécdotas. Además, un momento placentero y estimulante por el reencuentro con viejas amistades; sin embargo, por lo menos para mí, fue lamentable que el anfitrión se viera en la necesidad de dedicarle varios minutos a justificar un encuentro y una foto de viejos amigos. Los años han ido pasando, pero lamentablemente se conservan actitudes como la de la estigmatización, que solo ha contribuido a crear suspicacias sin sentido. Como si nadie tuviera derecho a decidir con quien se puede encontrar. Como si no se entendiera que las amistades forjadas en épocas especiales, adquieren con el tiempo valores espirituales, incluso si las personas han cambiado de hábitos, costumbres, creencias o posición económica. Los encuentros sirven hasta para dilucidar o aclarar acerca de esas diferencias de actitudes de antes, con relación a las de ahora. Aunque sea por el peso de los años debemos entender que las amistades están por encima de las conveniencias y las diferencias ideológicas o conceptuales. Que aquellos años juveniles, como para nosotros representaron el inicio de los 60, están llenos de gloria. Son imborrables. Constituyeron el despertar para algunos y la reafirmación de creencias y principios para otros. La época en que nos unía el anhelo de libertad, del saber, conocer, prepararnos, y sacudirnos del oprobio de una dictadura que agobiaba a toda esa generación. Pero lo mismo sucedió con las generaciones subsiguientes, aquellas en que 10 años de diferencia de edad no hacían imposible los encuentros amistosos o de participación en actividades colectivas, especialmente en los barrios y los pueblos, donde la mayoría de las personas frecuentan las mismas escuelas y los mismos lugares. Allí se iniciaron y construyeron muchas de las anécdotas y recuerdos que esa mente inquieta y privilegiada de Jimmy ha plasmado en sus ensayos. Nuestra generación, que ronda los 70, porque unos años más o menos no hacen diferencia, necesita no solo tiempo para recordar y disfrutar aquellos bonitos o difíciles momentos que la edad es capaz de convertir en aventuras especiales, sino para disfrutar las amistades que dieron origen a muchos acontecimientos importantes. Que bueno que nuestra generación ha adquirido niveles de amistad que llega hasta la fraternidad, y con el paso del tiempo se consolida por encima de las diferencias de criterios. Nos encontramos, no solo para recordar momentos agradables; aquellos en que por falta de experiencia o ingenuidades pasábamos con fichas; cuando imbuidos por afanes aventureros llevamos a cabo acciones que hoy entendemos inconcebibles, sino también para continuar soñando con un mundo mejor. Ojala aumenten los reencuentros y las tertulias. Con recuerdos del pasado y visión del presente y futuro. Sin peros, dudas o estigmatizaciones. Sin que nadie ponga freno ni indique quienes pueden juntarse o tomarse fotos. Estar allí, con respeto, consideración y la frente en alto. tabasa1@hotmail.com
Años juveniles imborrables
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