Rafael Corporán de los Santos nació y vivió en la pobreza los primeros años de su vida, fue su tenacidad, su amor a la madre sacrificada que lo impulsó a ir en busca de la mejoría.
Estudio y trabajo con ahínco y real entrega hasta que alcanzó la vida que quería para él y los suyos.

Lejos de acomodarse al lujo y los placeres del dinero, se entregó en cuerpo y alma en la medida de lo posible a ayudar a quienes como él nacieron pobres de solemnidad, y fue dador de alimentos, de medicinas, de todo cuanto pudo lograr desde sus empresas.
Incursionó en la política, hizo la Alcaldía que le dejaron hacer, mientras esperaba ver cumplida la promesa de su más grande sueño la Ciudad del niño.
Humano, quizás demasiado humano, dominicano como el que más, un ejemplo para los de abajo, un ejemplo para los hijos, un ejemplo de entrega.
Me monté en el Metro de Santo Domingo y me gritaban las estaciones por la estación Rafael Corporán de los Santos, porque se lo ganó igual que la calle que no aparece para que el gobierno y el pueblo dominicano reconozcan a un hombre bueno que nació y vivió para ayudar, merecido, ganado por él, no es vanidad familiar, es un derecho de Rafael Corporán de los Santos.
of-am


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