Este domingo 29 de mayo, a la democracia colombiana la acecha el peligro.
Los colombianos, no obstante los tres millones de refugiados venezolanos y de las evidencias desastrosas de sus vecinos, en gran medida están obnubilados por la narrativa populista de los grupos de izquierda, que a pesar de que detestan el sistema democrático, pretenden tomar el poder legalmente para torpedear desde adentro sus instituciones, y eventualmente copiar la tiranía Castro-chavista que ha empobrecido de manera alarmante a la otrora pujante y próspera Venezuela.
Esa falsa narrativa que explota el resentimiento producido en la sociedad por los deficientes gobiernos democráticos, plagados de múltiples falencias, corrupción, irresponsabilidad y perversión moral, pero que aún así son preferibles a vivir bajo peores condiciones y además sin libertades de ningún tipo bajo el yugo del autoritarismo totalitario de la degenerada izquierda radical que no construye sino que destruye todo a su paso aniquilando las instituciones democráticas.
Y es que uno de los cabecillas de esa falsa narrativa es el ex guerrillero comunista, Gustavo Petro, el candidato favorito para ganar la primera vuelta en las elecciones que tendrán lugar para la fecha, lo que pone en un inminente peligro la democracia representativa que hace tiempo viven los colombianos, asediada por la violenta izquierda guerrillera, la corrupción y el narcotráfico, entre otros males, pero que ha sobrevivido a pesar de sus lacras, preservando sus instituciones fundamentales.
Los votantes colombianos deben mirarse en el espejo de la Venezuela chavista, y meditar profundamente antes de depositar su voto para evitar que su país se convierta en otra Venezuela, quebrada y altamente deteriorada en todos los aspectos: económica, institucional y políticamente…, donde prevalece el autoritarismo, el clientelismo mesiánico y depredador del erario, en la figura grotesca del ridículo y fantoche dictador, con complejo de Stalin, Nicolás Maduro.
Es altamente preocupante la tendencia al suicidio político, económico y social de los votantes de Latino América en los últimos tiempos, al elegir en Nicaragua, Méjico, Bolivia, Perú, Chile y Honduras a presidentes izquierdistas radicales que podrían poner en peligro el sistema democrático, al querer estos gobiernos eventualmente violentar las bases fundamentales que lo soportan institucionalmente, tal como sucedió en Venezuela, Bolivia, Ecuador, en los tiempos de Correa, y en Nicaragua.
Ojalá en esta ocasión, la sabiduría y la suerte acompañen a los colombianos para que no cometan el error de elegir al comunista solapado, Gustavo Petro, porque luego será tarde para arrepentirse, como les sucedió a los venezolanos que ahora sufren las serias consecuencias de padecer un fallido y brutal régimen dictatorial, del que no pueden desprenderse por medios pacíficos porque al hacerse con el control total de las instituciones, cada elección que se organiza ha sido y será fraudulenta.
jpm-am


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