El pasado día 15 de noviembre, en Cuba esperaban llevarse a cabo manifestaciones en toda la isla, pidiendo libertad, democracia y respeto a los derechos humanos.
Sin embargo La «Marcha Cívica por el Cambio» no pudo realizarse en ningún lado de la isla debido a la gran represión desatada por las fuerzas de seguridad del régimen desplegadas profusamente en todo el país y al asedio y vigilancia de las viviendas de los disidentes por patrullas policiales y turbas gubernamentales que proferían constantes epítetos y amenazas impidiendo su salida.
En esta ocasión la dictadura, para evitar otro 11 de julio, se anticipó y militarizó semanas antes las calles, con patrullas policiales y agentes encubiertos, cercó las casas de los líderes de «Archipiélago» y de otros grupos disidentes, y citó para interrogatorios a todos los que en las redes sociales manifestaron su intensión de participar en las protestas amenazándolos con encarcelarlos.
Debido al terror impuesto por el castrismo, Yunior García Aguilera, el líder más representativo del grupo Archipiélago, organizador de la frustrada protesta, huyó de Cuba apareciendo luego en España, desde donde emitió declaraciones justificando el escape de la isla prisión.
Es por estos hechos ocurridos bajo estos regímenes oprobiosos que cuando leo a autores como los articulistas Negro Veras, Juan T. H y Miguel Espaillat, me asalta la idea de que estos sufren del síndrome de la idiotez intelectual.
Y es que al leer las alabanzas panfletarias de dichos intelectuales a la llamada «revolución cubana», al chavismo, orteguismo, a Putin y otros dictadores socialistas, no cabe duda de que en estos individuos el grado de idiotez e irracionalidad es bastante elevado, porque sus apologías a tales tiranías raya en el descaro y en la desvergüenza, pues estos fueron otrora, luchadores por la libertad y la democracia, por lo que caen en una evidente contradicción moral y política, que los deshumaniza.
Los deshumaniza porque en medio de su ceguera ideológica, fruto de un fanatismo embrutecedor, no reparan en lo dañinos que fueron y son esos regímenes criminales, opresivos y empobrecedores.
Los crímenes de lesa humanidad que cometen esos tiranos, para estos tozudos y obtusos personajes no son crímenes sino hechos necesarios para preservar lo que estos llaman «el proceso revolucionario». Penoso proceso que en Cuba ya lleva más de seis décadas estancado en su pantanal, en el que lo han ayudado a permanecer La antigua URSS, la Rusia actual dirigida dictatorialmente por Putin y la Venezuela tiranizada y empobrecida hasta el fondo por Chávez y su pupilo Nicolás Maduro.
Estos escritores que se han pasado la vida confundiendo a sus lectores con sus enajenantes mitos y fabulaciones ignoran el vasto sufrimiento que han vivido los cubanos, venezolanos, nicaragüenses, norcoreanos, entre otros, debido a la opresión despiadada del yugo del comunismo, al que ellos de manera increíble, siguen fanáticamente aferrados…
¡Son unos bárbaros!
JPM


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