El discurso del presidente Luis Abinader es una pieza singular. Los mandatarios no acostumbrar hacer una revisión de su trabajo el 16 de agosto. En su período constitucional solo hablan una vez a la Asamblea Nacional el Día de la Restauración. Al final del mandato entregan la faja presidencial otro 16 de agosto.
Siempre la versión dominicana del mensaje a la nación tiene lugar el 27 de febrero. Allí se pasa revista a las principales realizaciones del gobierno. Se acostumbra una pieza muy larga, con abundancia de datos técnicos que llega a cansar al auditorio. En ocasiones se ha visto a legisladores e invitados bostezando.
Con la moderna comunicación, se llegará a la etapa de que se presentarán las memorias del año presidencial en papel, y un corto mensaje oral que no pasará de media hora. En el día a día el pueblo sabe si un presidente trabaja, si fue una buena gestión, o si por el contrario se encuentra perdido.
Es interesante el mensaje de Abinader para abrir su segundo año. Pasó revista a lo que ha hecho, a lo que ha iniciado y a lo que piensa hacer. El presidente tiene una gran dinámica de trabajo. Es joven y puede estar viajando a la largo y ancho del país de forma permanente.
Lo hemos dicho en otras ocasiones, los esfuerzos que inicia el presidente Abinader necesitan la colaboración y la concertación de otras fuerzas nacionales. Más que el aplauso de su partido, tiene que lograr un apoyo masivo de la comunidad. Los niveles de popularidad se miden si se tiene el pulso de la llamada mayoría silente.
En esta etapa de pandemia, y con los medios de comunicación a su máxima expresión, la mayoría silenciosa juega un gran papel. Son los que temen expresar su punto de vista de lo que ven, y callan. Sus evaluaciones la hacen con fines electorales. Mientras una masa mediática habla a diario por los medios electrónicos, ellos se auto-silencian.
La evaluación mayor de la población llega por el pan y el salchichón. Se puede decir que en países sub-desarrollados como la República Dominicana, el balance político se equilibra por el grito del colmado. El costo de la vida indetenible es una avalancha que postra a cualquier gobierno.
De frente a este segundo año, uno de los mayores esfuerzos del presidente Abinader debe ser controlar la inflación. El salario mínimo reajustado ya desapareció. Se lo llevó ese caballo salvaje de aumentos desproporcionados. Se necesita más protección a los consumidores. El camino será tormentoso si no se controla el asfixiante alto costo de la vida.
JPM


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Hay que deponer los egoísmos y las ¨guerritas de egos¨ en la administración pública y en el componente político-partidista nacional.
Este componente político-partidista debe ya de asimilar las experiencias pasadas que nos indican que no basta hacer una oposición mediática y velerista, si no también una oposición constructiva que realmente contribuya al sosiego social y a la renuncia de las canonjías del poder político y empresarial.