Este fin de semana estrenamos horario distendido de toque de queda. Ya, desde ayer, se vio el anticipo del destape que significa un viernes sin confinamiento hogareño, sin distanciamiento físico ni social. Habrá fiesta por todo lado. Sin embargo, no todos estarán conformes, alguien tendrá que chistar o rezongar.
Sucede que cada uno tiene su preferencia para el toque de queda y, en consecuencia, ejerce su derecho a la crítica, aunque muchas veces las razones carezcan de sustentación. Los médicos, por ejemplo, advierten al Gobierno que con la apertura se corre riesgo de resurgimiento de contagios del temible coronavirus.
Otros ciudadanos celebran la desescalada porque así ponen a funcionar sus negocios, sobre todo los dueños de bares, colmadones, billares, galleras, casinos y otros establecimientos relacionados con el espectáculo y los vicios. Los vicios son su negocio, sustento para unos y vía de enriquecimiento económico para otros.
Y mire si la democracia es tolerante que un pulpero -quizá más de uno- se está quejando del nuevo horario de reclusión, basado en que cuando el toque de queda iniciaba a partir de las siete de la noche, su colmado ganaba mucho más, ya que, pese al cierre, le ingresaban miles de pesos por venta de bebidas alcohólicas.
Su alegato es simple: lo que vendía a escondidas en horario prohibido no lo vende con su colmado abierto, pues también lo está la competencia. “Ahora gano menos porque vendo menos”, refunfuña sin dejar de culpar al Gobierno. Claro, prefiere el confinamiento para que otros lo cumplan y él seguir engordando sus finanzas.
El número de contagios con el virus de la covid-19 ha disminuido en las ultimas semanas. Si aumentara, estén seguros de que la crítica emplazará sus flechas hacia el presidente Luis Abinader. Mientras tanto, mercaderes de botellas vacías, sobre todo de cerveza, se quejan de que durante el toque de queda pierden la oportunidad de ganancias.
Muy peculiar -y quizá pecuniar- resulta el planteamiento de estos humildes de padres de familia. La cerveza consumida en colmado o en la calle conlleva tirar los envases, justamente a la calle, y ahí intervienen unos aliados del ornato público que las recogen para venderlas. Desde los hogares, van a parar a los zafacones y luego a un lejano vertedero.
La democracia permite que todo se proteste, que todo se discuta. Es que la democracia, como dice del amor san Pablo, es paciente, es tolerante, es bondadosa. Estoy seguro, solo en la democracia es posible que un hecho sea criticado por unos y aplaudido y gozado por otros. De ahí que cada cual tiene su toque favorito.
JPM


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