El Partido Revolucionario Moderno (PRM) y la oposición tienen un gran reto por delante. Se trata de construir una fuerza política que pueda beber de los distintos sectores sociales que están cansados de las mismas respuestas a los problemas públicos. En ese sentido, es preciso abordar un tema que ha estado en la palestra. Tanto la compañera Milagros Ortiz Bosch, como diversos dirigentes del sector de Hipólito Mejía, plantean la necesidad de desarrollar la construcción de la nueva organización política antes de escoger la candidatura presidencial. Una idea acertada, si el PRM no fuera lo que es: una fuerza política de transición, un instrumento para desplazar al PLD del poder. En nuestra opinión, al PRM y a toda la oposición, corresponde definir una candidatura única y representativa de los amplios sectores que se oponen a que sigan gobernando quienes gobiernan. Debe hacerse lo antes posible, en 2014, porque la indefinición de la candidatura genera tensiones internas y somete al partido y a la coalición que la encabeza, a una zozobra política y mediática. Porque los seguidores de Hipólito Mejía y Luís Abinader deben encontrar su lugar en la lucha contra el oficialismo y no continuar enfrentamientos estériles. El PRM más que un partido político debe tener vocación de vehículo electoral para tomar el poder en 2016. Surge de la ausencia de democracia interna del PRD y de la imposibilidad de arribar a acuerdos que rehabilitarían su vida institucional. Es un espacio compuesto fundamentalmente por militantes y dirigentes perredeístas, que no transigen al secuestro de su partido por Miguel Vargas Maldonado. Entenderlo, es comprender el momento político que vive nuestro país. Es saber que no es posible, no hay tiempo, ni ganas para potenciar una marca que no sea La convergencia y la candidatura seleccionada. El trabajo orgánico del partido debe ser al servicio de la candidatura y en busca del poder. Para que el PRM pueda consolidarse como partido político y echar raíces en la sociedad dominicana, tiene que alcanzar el poder. Tiene que fortificarse en la resolución de los problemas de la República Dominicana. Solo a través de un proyecto presidencial definido, coherente, con vocación efectiva de poder y atractivo para atraer a tantos sectores descontentos con la política tradicional, es posible aglutinar y consolidar un verdadero frente opositor. Si la nueva agrupación política retrasa la natural confrontación democrática en la elección de un candidato, se verá reducido presa de los mismos conflictos que le dieron origen y, por tanto, no tendrá ninguna razón de ser. La sociedad dominicana no quiere un partido anticuado y con las mismas mañas de siempre. Hoy, es posible canalizar una oferta política diferenciada, novedosa y que inyecte energías de cambio a través de la lucha por el poder. La organicidad, el empuje orgánico, debe estar al servicio del gran objetivo político de la sociedad dominicana hoy: acabar con el continuismo peledeísta y promover un proyecto de país que se parezca a los dominicanos de buena voluntad. jpm
PRM: partido y candidatura
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