El ejercicio del periodismo por largo tiempo y en diferentes escenarios permite acumular un mundo de anécdotas de mayor o menor importancia.
A finales de 1965, pasada la revuelta constitucionalista en Santo Domingo, comencé a ser corresponsal del diario El Caribe en San Cristóbal. Tres años después fui llamado a la Redacción del periódico en la Capital para actuar como reportero.
En San Cristóbal quedaron como corresponsales Temístocles Metz, de El Caribe, y José A. Tejeda, del Listín Diario, ambos de habilidad notable.
Un día ellos tuvieron una iniciativa muy novedosa, que secundé: asistir a los actos de inauguración que efectuara el Presidente Joaquín Balaguer por estos lares -aunque no se produjeran en el ámbito de San Cristóbal- entrevistarlo y con sus declaraciones ganar el lunes la primera plana de los periódicos. Simple figureo.
Fuimos a dos o tres lugares, siempre domingo en la mañana. Solo recuerdo un viaje de nosotros a Pizarrete, en jurisdicción de Baní, donde Balaguer inauguraba una escuela. El anillo de seguridad del mandatario ya nos conocía y permitía nuestro acceso a varios metros de la mesa presidencial.

Al término del acto, cuando Balaguer aceptaba preguntas de los periodistas y reclamos y peticiones directas de los dirigentes políticos y comunitarios, se acercó a él Viterbo Alvarez Corporán (Pechito), figura conocidísima en San Cristóbal, quien en las postrimerías del régimen del Generalísimo Trujillo había sido agente del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).
Alvarez Corporán pedía al Presidente trabajo en el gobierno alegando, con razón, que era simpatizante suyo y se había sumado activamente a la campaña para llevarlo al poder.
Balaguer, de buen tono, audible a los que estábamos cerca de la mesa presidencial. le dijo: Viterbo, lo que pasa es que tú estás subjúdice. (Habia sido involucrado en el caso de las hermanas Mirabal y fue libertado bajo fianza antes de 1965 sin todavía haber culminado formalmente el proceso).
No obstante esa observación y ante la insistencia dePechito-apodo que adquirió de muchacho- Balaguer llamóinmediatamente a su jefe de seguridad, mayor general Santos Mélido Marte Pichardo, quien vestía de civil, y le dijo: Mélido, mira a Viterbo. Ponle algo por abajo”.
Fue la primera vez que escuché la expresión “poner algo por abajo”, que todo el mundo sabe lo que significa en el ambiente político y nos impresionó escucharla de viva voz del parco gobernante.
Tiempo después Alvarez Corporán fue designado en una posición pública y una veintena de años más tarde fue muerto a tiros, cuando frisaba, estimo, los 55 años de edad, en un punto concurrido de San Cristóbal, sin que nunca se atrapara a los culpables.
SOLO PARA SANCRISTOBALENSES
Mas allá de la anécdota, queremos airear algunos datos y recuerdos que quizás solo interesan a los sancristobalenses.

Por diferencia de edad, no conocí a Viterbo en su niñez y juventud, sino cuando ya era un hombre hecho y derecho, después que comencé a ser corresponsal en 1965. Pero sé que su madre biológica fue María Corporán, conocida en todo el centro de San Cristóbal como María Galén y su madre de crianza Isabel Corporán (Isabel Galén), hermana de la primera y esposa de Don Blanco Duvergé.
Ambas damas heredaron ese apodo de su madre Magdalena Corporán, a quien en el viejo San Cristóbal llamaban Galén.
Viterbo Alvarez Corporán sobresalía en la primera época en que lo conocí (mediados de la década del 60) por su cuerpo fornido y su estilo y gestos al caminar.
Personas que lo conocieron en su juventud me han dicho que levantaba pesas, afición con la que torneó un cuerpo atlético. Algunos le recuerdan yendo de tarde a los terrenos de la pequeña lechería que tenía Pancho Valdez en la calle General Leger esquina Palo Hincado, donde se juntaba con un grupo (incluidos Papín Valdez, Papo Wascar Sierra y Tato Medina) para levantar pesas y hacer ejercicios.
Otros recuerdan su carácter impetuoso desde niño, al punto de que un gran amigo ya fallecido me lo describió como el “más guapo” que conoció en la época que San Cristóbal contaba con un río Nigua caudaloso y la muchachada no salía de su cauce.
Jugó beisbol en el viejo estadio municipal con el equipo Futuras Estrellas y desempeñó la posición de cátcher.
Ingresó al SIM a finales de la década del 50 en un momento en que otros jóvenes del centro del poblado también lo hicieron, entre ellos Freddy Vallejo Rivera, Juan Lora, Papo Wascar Sierra, Rafael Sánchez Mateo (Patato) y Julio Solano.
Cuando en febrero de 1960 el grupo encabezado por Mario Read Vittini ingresó violentamente a la embajada de Brasil en Santo Domingo, Pechito era uno de los agentes de servicio frente a la puerta de entrada, en la avenida Máximo Gómez y trató de evitar la incursión, pero recibió un balazo que obligó a su internamiento en el hospital militar.
Cuando se reactivó, actuó en los servicios regulares del organismo de inteligencia que dirigía Johnny Abbes García y permaneció en el hasta su desmantelamiento poco después de la muerte del generalísimo Trujillo el 30 de mayo de 1961.
No participó en el grupo que el 25 de noviembre de 1960 ultimó en Puerto Plata a las hermanas Mirabal, pero a la caída del régimen se juzgó conjuntamente tanto a los asesinos como a algunos de los miembros destacados del SIM.
Las sentencias definitivas fueron evacuadas el 24 de noviembre de 1962 y Alvarez Corporán fue condenado por asociación de malhechores a cinco años de prisión. Poco después presentó recurso de apelación y fue puesto en libertad bajo fianza, cayendo el proceso en una situación pantanosa.
Estando en libertad ascendió al poder en 1966 el Presidente Balaguer y se produjo la anécdota contada antes de su apelación a Balaguer por trabajo.
PINTOREZCO
Lo escuché un día decir que durante el tiempo en que permaneció en la cárcel leyó la biblia completa “desde génesis hasta apocalipsis”.
Gustaba leer y era un polemista consuetudinario, siempre discutiendo y defendiendo sus criterios donde quiera que se encontrara. Pero puede afirmarse que era un hombre jovial, que procuraba confraternizar.
Andaba bien vestido y era muy enamorado. Se movía por todo el pueblo de San Cristóbal en un pequeño automóvil en buenas condiciones. Siempre andaba armado y en la primera etapa del régimen balaguerista era visible su afinidad con las autoridades policiales. Se le acusó algunas veces de acompañar a los agentes en persecuciones nocturnas a los jóvenes revolucionarios.
Su madre biológica le consiguió Residencia en Estados Unidos, donde permaneció poco tiempo y retornó al país.
En los últimos tiempos de su existencia se decía que se movía durante las noches en los casinos de la Capital, donde ofrecía protección al regresar a sus casas a personas que habían ganado dinero en el juego.
Una vez frente al hotel San Cristóbal -años antes de su muerte- tuvo un enfrentamiento a tiros, en el que resultó herido, con su compueblano Fermín Duvergé.
No se ha sabido nunca quién lo mató en 1988 a plena luz del día en un lugar público, cuando conversaba tranquilamente con transeúntes. Un desconocido se desmontó de un motor de gran desplazamiento y le disparó varias veces, huyendo de inmediato. Mucho menos se ha conocido quién encargó el crimen y por qué razón: lío de faldas ?. Su actuación como miembro del SIM ?. Su labor en los casinos de juego ?.
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