La frase se le atribuye a Carlos Marx «La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa».
En verdad que uno se desploma, se caen las expectativas, la promesa de “poner fin a la corrupción” , de castigar el delito desde una visión de independencia y despolitizada se ha desvanecido.
Una de las prioridades de la nueva gestión ha sido intervenidas por aliados de Luis Abinader.
Informe de inteligencia señalan que Leonel Fernández y otros dirigen la justicia, él la dejo blindada y nada ha cambiado.
El aparataje, los allanamientos de madrugadas, el apresamiento selectivo, la humillación y ultraje contra la familia del ex presidente Danilo Medina ha sido planificado y dirigido, los que conocen a Luis Abinader saben y dicen que ese no es su estilo ni forma y que se siente disgustado con ese proceder y método.
El objetivo de eso es promover el deterioro de la imagen de Danilo Medina y el PLD, Leonel Fernández busca un rápido repunte de su figura y su nuevo partido a la sombra de la destrucción, la injusticia y las exageraciones en los apresamientos y allanamientos de la familia del expresidente Danilo Medina.
Es una peligrosa estrategia que desde palacio no se tenía como método en la lucha anticorrupción que desde el Estado montaría Luis Abinader.
¿Como recorrer la lecha derramada? Difícil.
Ahora han aparecido un gran número de corruptólogos
En verdad, creo que esta coyuntura merece estudios más profundos. Los interese políticos o politiqueros han tirado por la borda un gesto, una actitud loable del presidente Luis Abinader
Que para una gran franja de la población no perseguía ni opiniones u objetivos tendenciosos.
Al día de hoy, para muchos sectores nacionales y de la población dominicana el ex presidente Danilo Medina está sufriendo una injusticia, se le quiere denigrar, se está utilizando la vileza y la ruindad contra su persona y su familia.
Por el método, la forma de aplicar las detenciones y allanamientos, un aparataje militar, de madrugada, humillantes delante de familias y vecinos.
¿Por qué no requerirlo, llamarlo a entrevista judicial y proceder a la hora del día a detenerlo?
¿A qué se debe eso? Bueno, hay algunas hipótesis. Yo me inclinaría por lo que dicen que es un caso mediático, dirigido y orquestado por aliados de Luis Abinader.
Sobre lo que se está haciendo contra Danilo Medina y el PLD tenemos algunas lecciones de la historia.
Recuerdan los más viejos y los jóvenes que lo sepan que en el gobierno de Antonio Guzmán (1978-1982) PRD que trajo la democracia dominicana, al final de ese gobierno se propagó que la hija del presidente, el yerno y otros altos funcionarios eran corruptos. Perturbado por el acoso, el ilustre Guzmán decidió suicidarse antes de entregar el poder a su archirrival perredeísta.
También el gobierno de Salvador Jorge Blanco (1982-1986) PRD enfrentó la crisis económica de deuda externa, protestas populares y escándalos de corrupción.
Triste recordación que cuando Salvador entrego el gobierno en 1986 a Joaquín Balaguer se concentró en presentarlo como corruptos, persiguió a su equipo saliente, lo apresó y disminuyó hasta el ostracismo la figura de Jorge Blanco con acusaciones de corrupción para debilitar y destruir al PRD.
Pero, como dice el autor que citamos al principio del artículo “Algunas veces, la repetición a modo de farsa puede ser más terrorífica que la tragedia original”.
Todo sabemos que la corrupción hay que detenerla, controlarle que ella deriva de instituciones débiles y, además, las socava más, distorsiona políticas económicas y frustra el desarrollo.
La lucha anticorrupción como política de Estado en el presente es correcta y oportuna.
El presidente Luis Abinader ha estado claro en que hay que desarrollar mecanismos de control en el presente, sancionar la corrupción del pasado y el presente, pero sin exageraciones ni acusaciones o insultos —que a veces surgen en algunas exageraciones por motivos particulares, de partido, de revanchismo.
No se puede bajo ningún pretexto emprender una campana mediática contra un dirigente, líder o expresidente sin tener las evidencias de casos de corrupción, esas actitudes politiqueras hacen pensar que un líder político fue muy corrupto cuando pudo haber sido muy honesto. Pienso en Manuel Pardo, a quien los historiadores han
La mayoría acusaciones de corrupción provenían del grupo político enemigo, y son selectiva, excluyente.
Y es verdad que la corrupción en nuestro país ha alcanzado una dimensión sistémica y se extiende como un cáncer que destruye instituciones pilares de la democracia. Por ello lacera, duele, lastima que el objetivo noble, sincero del presidente Luis Abinader lo marchiten con acciones deleznable, persecución innecesaria, acoso, atropellos, humillaciones que persiguen como uno objetivo destruir honras, y acabar con liderazgo y partido.
Así no.
of-am


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