En el marco de una crisis sanitaria, y la peor, a nivel económico, de mercado (agentes productivos), y una enorme deuda publica el gobierno apuesta por una reforma tributaria desde la ley de presupuesto público, 2021. Algo anda mal y no es en Dinamarca.
Antes de tocar el objeto de estudio del presente artículo las autoridades tributarias, económicas, y financieras pudieron inteligir alrededor de la siguiente interrogante, filosófica, por demás.
¿Cómo incrementar los ingresos tributarios sin crear nuevos impuestos y sin aumentar las tasas de los, Ya, ¿existentes?
El perfil tributario del presupuesto público, 2021, sugiere falta de competencia en el ámbito de las finanzas públicas, en adición a desconocer el mercado, recursos y agentes productivos (familias y empresas).
El país carece de un catastro inmobiliario, fiscal y de usuarios, de sendos sistemas de estadísticas, y de codificación patrimonial sectorial que permitan a la administración tributaria conocer / medir / la capacidad contributiva del mercado, los recursos y agentes productivos, en especial, de la micro, pequeña, mediana, gran empresa y las cadenas de valor agregado.
Por otro lado, es pertinente y relevante, para la administración tributaria, conocer los niveles de costos, gastos, beneficios, productividad y rentabilidad de los agentes productivos (micro, pequeña, mediana, y gran empresa). Ello es necesario para identificar, en el camino, las debilidades del modelo registro, facturación, contabilización, y recaudación tributaria.
La administración tributaria no ha podido cualificar y/o cuantificar la erosión fiscal al desconocer los hechos que graba el sistema tributario.
Ante el presente drama / hallazgo / administrativo adverso pautar reformas tributarias para suplir los ingresos que deja de percibir la administración tributaria, por concepto de falta de competencia gerencial, es una imprudencia fiscal, pues ello implica poner la carga mas pesada a los sujetos pasivos tributarios que no están en condiciones de evadir o trasladar los impuestos.
Si el gobierno quiere, y tal parece que lo requiere, incrementar los ingresos debe apostar por una reingeniería administrativa, sistémica, y estructural del sistema tributario. En ese contexto, eliminar todo subsidio, exención y exoneración fiscal, entre otras medidas de tipo instrumental.
El pueblo no puede pagar los platos rotos, y la falta de competencia del equipo económico, financiero y tributario del gobierno.
La presente reforma tributaria, pautada desde el presupuesto público 2021, es una triste tonalidad que bien puede presagiar luto, dolor y una crisis económica y social que bien puede ser evitada.
El gobierno deja de recibir más de 300 mil millones por concepto de erosión fiscal. Es tiempo de apostar por una reforma tributaria costosiona.
miganseverino@yahoo.com
JPM

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