El atentado terrorista en contra del semanario francés Charlie Hebdo es condenable con la mayor fuerza y firmeza posibles. Nadie tiene derecho a matar a nadie y mucho menos nadie puede cometer crímenes en el nombre de Dios. Eso es no entender la verdadera esencia de Dios que es justo, amoroso, que sabe y enseña a perdonar y a servir a los demás. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro ser humano sin importar la causa, pero es mucho peor cuando comete esa acción enarbolando la defensa de un Dios que nunca acepta ese comportamiento.
Sin embargo, si analizamos con cuidado todas las aristas del atentado en contra del semanario francés Charlie Hebdo veremos que si bien es cierto que se debe condenar esa acción en su contra ejecutada por extremistas musulmanes, no menos cierto es que esa publicación vivía provocando e irrespetando no sólo a los musulmanes sino a los cristianos y a todos seguidores de la fe en el mundo. En varios ocasiones sectores musulmanes de Francia se quejaron en la justicia por los abusos, burlas e irrespetos que cometía esa publicación en contra de la fe musulmana y su profeta Mahoma, pero la justicia francesa le daba razón a los irreverentes e irrespetuosos de Charlie Hebdo y dejaba desprotegidos a los musulmanes que hoy día son más de seis millones en el país francés.
Un medio de de comunicación debe tener un mínimo sentido de responsabilidad social y de respeto por todas las normas éticas y humanas. Un medio de comunicación no está para abusar de su poder y faltarle el respeto a todo el mundo sin tener un freno moral e institucional que le evite ejercer ese abuso. Los caricaturistas de Charlie Hebdo pasaron el límite de la libertad de expresión. Ellos podían haber mantenido una critica dura en contra de los conceptos, las ideas, las expresiones y las liturgias de cualquiera de las religiones o de las expresiones de fe, pero nunca debieron haber pasado a los niveles de ridiculizar, irrespetar y atentar en contra de la moral y la creencia de los líderes de esas religiones. Ningún medio de comuncación en el mundo tiene el derecho de poner desnudo o en poses sexuales a un líder religioso o de fe así como tampoco a ningún lider político de cuaquier nación. Imagínese lo que le pasaría al New York Times si saca una portada con el presidente Obama desnudo y en poses claramente sexuales.
No es cierto que la libertad de expresión no tiene límites. Se debe y se tiene que establecer límites cuando un medios se pasa la raya del respeto, de la consideración, de la decencia y de la tolerancia. Ese límite debe ser institucional, es decir, a través de los mecanismos que tienen las sociedades para garantizar la convivencia pacífica. Pero si esos mecanismos no funcionan con eficacia y dejan pasar esos abusos e irrespetos, como en Francia, mucha gente radical e irracional puede ser llevada a actuar de manera violenta, como actuaron esos musulmanes radicales en contra del semanario Charlie Hebdo.
Por eso, uno de los responsables de ese atentado criminal son los mecanismos judiciales de Francia. Es necesario entender que en la cuna de los derechos humanos también es necesario poner límites al ejercicio de la comunicación para garantizar la convivencia humana. Condeno con toda mi fuerza el atentado criminal en Francia, pero que quede bien claro que yo no soy Charlie.

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