La «gratitud» socialista: tres ejemplos históricos

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EL AUTOR es escritor. Reside en Nueva York

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En sentido general, los seres humanos debemos ejercer siempre los valores morales en nuestro rol  frente a la sociedad. Entre esos valores que deben ser inherentes en nuestra conducta están: la honestidad, el respeto, la lealtad, la tolerancia, la solidaridad, la bondad, la humildad y  la gratitud. El tema de hoy que de manera humilde presento a la consideración de los demás,  gira en torno al valor de la gratitud en los seres humanos y la importancia de practicarla en todos los aspectos en nuestras vidas.

Expresada esta consideración, nos preguntamos: ¿Cómo definimos la gratitud? El término   tiene su origen etimológico en el  latín y procede del vocablo «gratitudo»,  una palabra compuesta de «gratus» que significa «agradable y agradecido» y por el otro lado, el sufijo «tudo» que equivale a «cualidad». Entonces, podemos definir la gratitud como el sentimiento que siente una persona al estimar un favor o un beneficio que alguien le ha concedido. Al sentirnos agradecidos, deseamos corresponder el favor recibido de alguna manera.

Como era de esperarse, hoy en día nada escapa al ámbito de la política, pues de una forma u otra, casi todas las actividades de los seres humanos están bajo el rigor de ella, y más aún, según los personajes de un determinado sistema o gobierno que nos toca. En ese sentido,  es que quiero enfocar la carencia de la gratitud en determinados líderes o sistemas ideológicos que se encumbran en la cima del poder político.

En múltiples ocasiones  y en todos mis artículos  escritos en este prestigioso medio digital, he sostenido y sostengo que,  si hay una doctrina y un sistema de gobierno protervo, indigno, ingrato, inmoral, maligno, traicionero y curtido en la maldad, han sido los gobiernos y líderes del socialismo izquierdista (entiéndase comunistas). Y esto no lo afirmo basado en mi postura ideológica de ser un opositor perenne al socialismo izquierdista, sino más bien, a los hechos y experiencias escritas y acontecidas en las páginas de la historia de los pueblos, las cuales siempre nos deben servir para no repetir las tragedias políticas que otros han vivido.

Esa es la razón por la cual debemos  aprender de ella para no caer en la sentencia que dijera  el filósofo, novelista y poeta español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, más conocido como  George Santayana, cuando dijo: «Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla».

Los hombres y mujeres en una determinada sociedad son los que forman los pueblos y estos a su vez, son los que escriben las páginas que dan forma a  la historia. En consecuencia,  los  que han tenido el infortunio de recibir  la ingratitud, la maldad, el  odio, el resentimiento y el infortunio como pago y «agradecimiento» por haber ayudado a otros  en sus pretensiones, son el motivo  de este modesto y sincero trabajo de opinión.

Cuba: Camilo Cienfuegos Gorriarán

Se podría decir sin faltar a la verdad, que Camilo Cienfuegos fue junto a Juan Almeida, Huber Matos, Raúl Castro  y el maniático asesino Ernesto  Guevara de la Serna (el Che) entre otros,  uno de los comandantes  de la Revolución cubana  más arquetípico que ayudó a llevar a Fidel Castro al poder político. Fue uno de los fundadores del Ejército rebelde que se enfrentó a Fulgencio Batista y gozaba frente al pueblo cubano de una popularidad enorme debido  a  su humildad, sencillez y simpatía que proyectaba. Se le conocía con el apodo de «El Comandante del Pueblo».

Como sabemos, Fidel Alejandro Castro Ruz era un ególatra y un resentido social que padeció toda su vida de un  trauma familiar que tuvo, cuando su padre le negó su apellido durante 18 años  y que,  siendo un  niño lo entregó a una familia haitiana y además,  no asimiló el origen de la formación de su familia. Fidel nunca pudo superar todo eso y se llenó de mucho odio y rencor hacia el mundo que le rodeaba y,  como compensación a ello, desarrolló un delirio de grandeza y  estimó que todo debía girar en torno a él. En consecuencia, nada que pudiera proyectar la más mínima sombra hacia su figura él podía aceptarlo. Por eso fue eliminando uno a uno a todos los comandantes revolucionarios que lo auparon a llegar a la cima del poder en Cuba el 1 de enero de 1959 e instalar una dictadura comunista que Fidel Castro negaba.

Camilo Cienfuegos trazó  su muerte, no solo porque su popularidad iba en aumento y eso molestaba al ego de Fidel, sino porque había dado muestra de que no le gustaba al igual que Huber Matos y otros más, el rumbo comunista que estaba tomando la revolución que él y otros habían ayudado a forjar.. Su avión desapareció en un viaje de Camaguey a La Habana dizque por una tormenta y sus restos así como el de la nave, nunca aparecieron. Algo extraño en un régimen que todo lo controla y sufría de la paronia de una invasión, que el accidente se reportó a la nación dos días después de haber sucedido, siendo él una figura carismática de la revolución. Así le «agradeció» Fidel Castro a quien lo ayudó a ser el dueño de la isla.

Venezuela: Gral. Raúl Isaías Baduel

Es un exmilitar y político venezolano que tuvo muy ligado al gobierno del fallecido presidente Hugo Rafael Chávez Frías en los primeros años de la revolución chavista en Venezuela, llegando a ser el Comandante del Ejército Bolivariano y Ministro de Defensa. Pero, como siempre sucede en los regímenes totalitarios izquierdistas, cayó en desgracia al manifestar (como hicieron en Cuba varios comandantes cubanos) su preocupación por el  giro que tomaba la Revolución bolivariana.

Fidel Castro, un  zorro político y curtido en las lides de la traición, le tenía el ojo puesto a Baduel y esa preocupación se la manifestó a Chávez quien en su mejor papel de indio subordinado al dictador cubano y al mejor estilo del cacique Guacanagarix frente a los conquistadores de la isla Hispaniola, se distanció del Gral. Baduel. No obstante ello y ante esta situación que el militar veía venir, él motu proprio decidió dejar el cargo y alejarse del proyecto revolucionario que él ayudó a solidificar.

Fue así que en el acto de entrega de mando militar (julio 2007) el Gral. Raúl Baduel pronunció un discurso frente a Chávez en donde criticó  abiertamente el socialismo del siglo XXI y de los peligros que encaraba el país en ese sentido. Al concluir, Hugo Chávez lo abrazó y  le espetó al oído de Baduel diciéndole: «Ahora puedes disfrutar de tus latifundios y ganados» y concluyendo con esta inquietante frase: «Mi papá nunca tuvo ninguna riqueza». Baduel sabía lo que venía pero eso no lo atemorizó.

Con ese abrazo, Hugo Chávez reeditó la traición que le hizo Judas Iscariotes a Jesús de Nazaret, cuando en el Huerto de Getsemani lo besó en la mejilla, la señal que esperaban los soldados romanos para complacer a los miembros y fariseos del Senedrín y allanar el camino a la crucificación del Hijo de Dios hecho hombre. Raúl Baduel fue detenido y hecho preso en el 2009 y ha permanecido en la cárcel, vejado , aislado y maltratado emocionalmente desde entonces. Fue liberado en el 2015  de  forma condicional y hecho prisionero de nuevo en el 2017 hasta la fecha. Fue degradado por el jumento colombiano sucesor de Chávez.

Este hombre que sufre él y su familia (su hijo está preso también) el escarnio de un gobierno despótico, abusivo y represivo, fue el militar que rescató en persona con un comando de soldados élites a Hugo Chávez de la cárcel en la Isla La Orchila y lo llevó al Palacio de Miraflores, después del golpe de Estado que sufrió el 13 de abril del 2002, y le devolvió el poder.  Así le «agradeció» Hugo Chávez al Gral. Raúl Isaías Baduel el riesgo que se tomó para reintegrarlo  al Palacio de Miraflores.

Nicaragua: Oscar René Vargas

Es probable que  muchos de los amables lectores desconozcan quién es Oscar René Vargas y qué tiene que ver él con el dictador de Nicaragua José Daniel Ortega Saavedra. Pues bien, yo les diría que mucho y que gracias  a René Vargas, Daniel Ortega está vivo y  hoy es el dueño absoluto de la tierra de Sandino y Rubén Darío. Nos remontamos al mes de noviembre del 1967 a la ciudad de Managuas, Nicaragua.

El 23 de octubre de 1967, un comando urbano formado por cinco guerrilleros, entre ellos el joven Daniel Ortega Saavedra, habían asesinado a sangre fría a un conocido sargento de la policía nigaragüense, en el barrio Monseñor Lezcano en Managua. Fruto de ello, la Guardia de Somoza estaba realizando intensos operativos para dar con el comando que asesinó al policía. Fue así que el 4 de noviembre de 1967, Daniel Ortega junto al guerrillero Iván Turcio, dormían plácidamente después de almorzar, ignorando que el barrio donde estaban había sido  totalmente rodeado buscándolos, ignorando los dos, que los otros guerrilleros que junto a Daniel habían asesinado al sargento, había sido aniquilados en el acto cuando fueron localizados.

Es aquí cuando Oscar René Vargas, simpatizante y además, guerrillero sandinista, sale en busca de su hermano Gustavo Adolfo en un auto de la familia y quien se dirigía a la casa en donde estaba Daniel y Turcio para visitarlos. Al llegar ambos hermanos, les informan a Daniel que el sector está rodeado buscándolos y que si los atrapan, los van a matar como a los otros. Fue así que Oscar René Vargas sube en el auto a Daniel Ortega e Iván Turcio y los saca del lugar frente a las narices de los militares ya que no estaban revisando los autos en esos momentos y el cateo casa  por casa no había comenzado. De ese hecho hace 52 años.

¿Qué hizo Daniel Ortega por ese acción de Oscar René Vargas y su hermano Gustavo Adolfo, que les salvó la vida y permitió que él viviera para poder llegar al poder que detenta? Bueno, Oscar René Vargas, sociólogo y escritor, está exiliado en Costa Rica porque el gobierno del hombre que él le salvó la vida lo persigue, dado que Oscar entendió que el rumbo de la Revolución sandinista había sido torcido y que Daniel Ortega había desplazado a la dinastía Somoza para imponer la de los Ortega-Murillo.  Como dice el refrán: «Mal paga el diablo a quien le sirve.»

Poco tiempo después, Daniel Ortega fue capturado y condenado a prisión por robar un banco en Nicaragua. Pasó siete años en cárcel y luego fue rescatado por un comando guerrillero en diciembre de 1974. Viajó a Cuba en donde  (como se estila con los asesinos, terroristas y ladrones)  fue recibido como un «héroe» por Fidel Castro. El resto ya es historia.

Es dable decir que,  en los regímenes socialistas y totalitarios se estila matar y sacar de la escena política a sus adversarios o a los que ponen en peligro sus intereses de dos maneras. Una, es la eliminación física por fusilamiento (paredones), «accidentes de todo tipo» o doblegar su integridad en las cárceles. La otra, es la eliminación moral levantando todo tipo de calumnia como el enriquecimiento, traición a la patria, a la revolución o de «aliarse al enemigo».

Queda demostrado con solo estos tres ejemplo históricos de miles que hay, que nunca se debe ayudar a un izquierdista ya que, quien así lo hace, está cometiendo un harakiri al mejor estilo japonés sin darse cuenta y a la vez, desoyendo el consejo del filósofo  George Santayana de no olvidarse de recordar la historia para no volver a repetirla.

JPM

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