Nuestro país registra altísimos índices estadísticos –a nivel regional- por accidentes de tránsito, y me atrevo a creer que, entre las causales esta la falta de señalización vial de calles, avenidas y carreteras, pues lo que prima en las vías públicas es un imaginario vial de “Sálvese quien pueda” en donde motoconchistas, choferes del concho y guaguas voladoras, no pocas veces, imponen el tremendismo al volante poniendo en peligro vidas humanas y provocando accidentes lamentables. En el fondo, tal fenómeno de irresponsabilidad vial, es parte de la cultura de violencia que se ha entronizado en nuestra sociedad y que cobra vidas a diario.
Se supone que, en primera instancia, la señalización de calles, avenidas y carreteras es una responsabilidad de los Ayuntamientos y del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT), entre otros organismos e instituciones; pero somos testigos de que las mayarías de calles, avenidas y carreteras del país no están debidamente señalizadas, lo cual contribuye al número de accidentes de tránsito. Por supuesto, la falta de señalización -de vías públicas- no es la única ni la primera causa de accidentes de tránsito, sino el exceso de velocidad, el consumo de alcohol al volante, el pésimo estado de vías públicas inter-urbanas-rurales, parque vehicular –de transporte de pasajeros- no apto para transitar y una precaria educación vial de conductores y transeúntes.
Y el problema de la falta de señalización, desde todo ángulo, es gravísimo, pues el tránsito vehicular deviene en una suerte de imaginario donde cada conductor, al no divisar ni contar con la debida señalización de la vía pública, la traza y la viola a su antojo como vemos a diario, poniendo en peligro su vida y las de los demás. De modo, que vivimos presos y al azar de un sistema de tránsito terrestre de alto riesgos y donde el conductor decide, mutuo propio, cuando una calle, una avenida o una carretera es de una o doble vía, de dos carriles, de cuatro; o, de más…
Todo esto lo pude observar, como también –algo preocupante-: que tal realidad, anómala y riesgosa, ya es cultura o parte integral de nuestra precaria educación vial donde Ayuntamientos e Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) deberían concentrar mayores esfuerzos y recursos, pues no es lo mismo que a uno les señalen –gráficamente- los límites o linderos vial que rigen el sistema de transporte terrestre, a que uno, por su propia cuanta, fije esos linderos a nuestro libre albedrio, poniendo en peligro vidas humanas….
Pensemos y ejecutemos ya un Plan Nacional de señalización –y deslindamiento- vial de calles, avenidas y carreteras..! ¡Salvemos vidas…!


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