El trabajo en equipo en los centros educativos

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La autora es educadora. Reside en Santo Domingo.

POR CELESTE AQUINO GUERRERO

Estamos convencidos  de que en  un centro educativo, el trabajo en
equipo se ha convertido en el quehacer del día a día, pues en los
últimos años se considera la acción docente como una labor de
colaboración continua.

Colaborar requiere, por una parte, la decisión y el esfuerzo de los
implicados y, por otra, la existencia de una cultura generalizada de
la colaboración, así como  el establecimiento de una estructura
organizativa que la favorezca.

En ese sentido, a lo largo de la segunda mitad del siglo xx se fue
configurando un movimiento de desarrollo profesional del docente, el
cual favorece una concepción más amplia de su responsabilidad
profesional. El rol del maestro se amplía. Ya no puede reducirse al
simple conocimiento de la disciplina que imparte y al control de  los
resultados del alumnado.

Es lógico que desde esta consideración nos preguntemos sobre las
exigencias y requerimientos que un cambio de esa índole plantea al
profesional de la educación. Podemos pensar en diversas respuestas,
pero necesariamente tenemos que admitir como mínimo que una actividad
de esa naturaleza exige al maestro la capacidad de diseñar contextos
de acción conjunta que encajen con el compromiso de la institución.

Este compromiso se identifica con la escuela como unidad, con sus
objetivos académicos, con los alumnos como actores del proceso y con
los contenidos que se deben enseñar. (Louis, 1998)

Para ello, es necesario crear una cultura organizacional que considere
al centro educativo como una organización de profesionales en la que
la tarea del docente no se limite a impartir clases al alumnado de
forma aislada, sino que incluya su participación y pertenencia, porque
la educación es una tarea colectiva.

No podemos concebir al maestro como un simple transmisor del
currículo, encerrado en su aula sin ningún tipo de relación ni
implicación en la vida de la institución en la que labora.

Y es en ese sentido, que compartimos la inquietud de Johnson y Johnson
(1998) cuando plantea que el trabajo en equipo implica siempre una
coordinación entre quienes lo conforman. En la actualidad, la
coordinación en los centros educativos es vital para el logro de los
objetivos planteados. Si pensamos en un grupo de personas que trabajan
en equipo, debemos imaginarnos que la coordinación entre ellos debe
ser permanentemente retroalimentada.

Siguiendo esa misma estructura de pensamiento compartimos con San
Fabián (1993) quien señala  que la gestión participativa entre
profesores en el proyecto educativo debe defenderse por dos razones:

Porque promueve la creatividad y la innovación.

Porque mejora la eficacia para responder conjuntamente a los problemas
y a las oportunidades de su entorno. El trabajo en equipo permite que
una persona compense a otra y que todos agudicen su ingenio para
resolver problemas que conciernen a todos. En esta modalidad de
trabajo se toman decisiones y se actúan sobre ellas porque todos
adquieren una responsabilidad frente al colectivo. Además el propio
equipo evalúa el proceso, revisa las decisiones o las cambia.

Antúnez (1999) expresa también su opinión al respecto al señalar que
la idea y la necesidad del trabajo basado en la participación y la
coordinación entre el profesorado que comparte la educación de un
contingente de alumnos de un mismo centro escolar se justifica por los
siguientes motivos:

La acción sinérgica tiende a ser más eficaz y eficiente que la acción
individual o que la simple adición de acciones individuales. A través
de la colaboración parece más factible mejorar las ayudas pedagógicas
que ofrecemos a nuestros estudiantes y proporcionar una oferta
educativa más completa, y una educación más justa.

La colaboración mediante el trabajo en equipo permite analizar en
común los problemas con más y mejores criterios.  Proporcionar a los
estudiantes una educación de calidad exige que entre los educadores
existan ciertos planteamientos comunes, así como criterios y
principios de actuación suficientemente coherentes. Tales requisitos
no son posibles sin la adecuada coordinación que proporciona la
colaboración a través del trabajo en equipo.

Cerraremos esta breve reflexión parafraseando a Escudero (1990) cuando
expresa que “El trabajo en equipo entre los docentes constituye la
expresión más clara de la cultura colegiada. La colaboración ha de ser
la expresión del diálogo en términos freiririanos, de la
participación, implicación, compromiso mutuo, apoyo, crítica,
reflexión conjunta, elevación de los problemas individuales a
categorías institucionales que han de estar presentes como norte en la
noble tarea de educar”.

celesteaquino@gmail.com

JPM

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