Me cuesta mucho aceptar los fallos fallidos de la “justicia”, porque simplemente no se acogen a los principios y leyes establecidos sino que aprovechan todas las oportunidades que se les presentan para liberar a los asesinos y delincuentes, por demás reincidentes en su conducta antisocial. El caso de Francina Hungría quien perdió la vista, y con la providencia de Dios conservó su vida es un caso más de los que diariamente acontecen en nuestro país, y que lamentablemente no salen a la luz pública. Se imaginan ustedes cuántos casos hay por ahí ocultos en las mismas o peores condiciones? Me atrevo a asegurar que son incontables, porque si el caso Francina siendo esta una joven de familia adinerada o acomodada que han luchado para que se haga justicia, le han dado este injusto tratamiento, que será de los otros que no disponen de recursos, ni están en el ánimo de batallar, rendidos e impotentes ante el poder avasallador de los que aplican incorrectamente las leyes o no las aplican. El hecho de que sean descargados los demás participantes de este hecho tan doloroso que acabó con parte de los sueños de esta joven profesional, es una muestra más de la indolencia, de la degradación, de la pérdida de los buenos valores, y lo que es aún más preocupante la pérdida de la confianza en nuestras instituciones, ¿ hacia dónde vamos? Hacia donde pretenden llevarnos? Será que quieren destruir nuestra identidad como seres humanos que tenemos derecho a la seguridad, al desarrollo, a transitar libremente sin sentirnos perseguidos? La repetición de estos casos está creando una sociedad indiferente ante los malos ajenos por un lado y por el otro una sociedad salvaje, que está preparada para dar el salto a la anarquía, a tomar la justicia en sus manos. Es lamentable que los encargados de administrar la justicia únicamente piensen en el dinero, porque llegará el momento cuando sus malas acciones, siembra maldita que han realizado, cosechará esos frutos malos, y verán en su propia descendencia que el mal que hicieron se revertirá en ellos. Es hora de reflexionar, es hora de que sintamos el dolor ajeno, que nos unamos y luchemos por ayudar a las víctimas de la injusticia, porque solo así lograremos un cambio y erradicaremos o iniciaremos la erradicación de tantos males. Por último quiero decir que el trabajo de los padres de familia (hombre y mujer) es el de fabricar un buen producto para lanzarlo a la sociedad. Debemos trabajar con nuestros niños para originar los hombres de bien del mañana.
El caso Francina
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