Apoyamos el veto presidencial porque en cualquier decisión de interés nacional debe prevalecer la ciencia sobre la religión
Hay que reconocer la coherencia del Presidente Danilo Medina sobre el aborto. Nuevamente ha vetado la Ley que penaliza el aborto en tres casos especiales: incesto, violación y malformación, a pesar de la posición intransigente de la mayoría de las iglesias del país.
La discusión, los enfrentamientos y las presiones sobre este tema datan de más de medio siglo ya que la mayoría de los gobernantes la han toreado. No recuerdo casos de un gobernante enfrentando las tradicionales presiones clericales.
El tema resurgió durante el conocimiento de la nueva Constitución al señalar que la vida se inicia con la concepción y que nadie tiene derecho a violarla, en una clara y reiterada concesión a las iglesias, a espaldas de las recomendaciones científicas.
Y se complicó cuando la Cámara de Diputados aceptó el veto, pero devolvió la ley a la Presidencia sin cumplir con el requisito constitucional de remitirlo al Senado, razón por la cual el Tribunal Constitucional la invalidó en el 2015.
Nuevamente la Iglesia Católica ha criticado el veto considerando criminal cualquier tipo de aborto. Aunque los evangélicos han hecho causa común con la católica, en su seno existen sectores que aceptan el aborto terapéutico en los casos señalados.
Aprovechando el sentimiento cristiano mayoritario, ambas iglesias han movilizado a miles de feligreses para demandar que el Senado rechace al veto presidencial, en un inusual enfrentamiento con el Poder Ejecutivo. De lograrlo, continuaríamos formando parte de una minoría en la que encuentran Chile, El Salvador, Nicaragua, Malta y desde luego El Vaticano.
La clásica disyuntiva entre la ciencia y la religión
Tanto el Colegio Médico Dominicano (CMD) como la Sociedad Dominicana de Ginecología y Obstetricia, han apoyado el veto señalando que el penalizar el aborto en esos causales, se perjudicaría a las mujeres más pobres, las cuales de todas formas lo harían pero en condiciones inseguras que aumentaría la mortalidad.
No es cierto que se producirán abortos indiscriminados ya que no se trata de una despenalización pura y simple. “La interrupción del embarazo sólo sería posible cuando represente un riesgo para la vida de la madre, cuando ésta lo decida y se hayan agotado todos los procedimientos técnicos y científicos disponibles”.
Otros grupos, especialmente las mujeres que defienden esta medida presidencial, señalan que la penalización en estos tres casos específicos viola el derecho constitucional a la libertad de la mujer de decidir su propio destino en aquellos casos lamentables en que peligre su vida.
Apoyamos esta decisión presidencial: a) porque reconoce el derecho de la mujer a decidir sobre su propia vida; b) porque la ciencia médica cuenta con recursos y procedimientos para evitar excesos; c) porque la gran mayoría de las naciones ya lo permiten con resultados satisfactorios; y d) porque en cualquier decisión de interés nacional debe prevalecer la ciencia sobre la religión. Ojalá que esta vez demos un paso definitivo hacia adelante.
JPM


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