Recientemente a una niña mulata de dos (2) años de edad y que apenas articula palabras, una tía recién llegada del exterior, con una desbordante sonrisa de alegría, al verla la saludó exclamándole: “Hola mi negra linda”.
La niña le respondió “yo no negra… yo no negra tía”.
Por la respuesta de la bebé, todos rieron a carcajadas. Para el colectivo familiar eso fue un gran chiste.
La realidad es que el hecho en cuestión tiene implicaciones profundas: visibiliza que como pueblo queremos ocultar nuestra afro descendencia y solo resaltar nuestros ribetes hispánicos.
En la República Dominicana la socialización de los niños y niñas dominicanos se va construyendo rechazando nuestras raíces africanas. Ese modelo sesgado de explicación y definición de nuestra etnicidad lo hemos ido prohijando y reproduciendo desde la socialización temprana. A eso se le llama racismo actitudinal.
En nuestra cédula de identidad el dictador Trujillo impuso que los mulatos, el grupo étnicamente preponderante de nuestra sociedad, resultado de la mezcla racial del negro con el blanco conquistador- se le denomine “indio”. A ningún mulato hoy se le identifica como tal. Además de indio, al mulato es denominado como: moreno, morenito, lavadito o moreno claro.
En el imaginario social dominicano los únicos negros son los haitianos. Por eso, dizque de forma juguetona, en nuestros hogares o en el trabajo, al de piel más negra se le llama “haitiano”. Eso también es racismo actitudinal.
Recientemente hice una encuesta con mis estudiantes de la universidad y el 81% dijo tener “total rechazo” y “mucho rechazo” contra los inmigrantes haitianos.
Al preguntarle en torno a la razones de su rechazo a los inmigrantes haitianos la mayoría contesto que lo rechazaban “porque eran feos” (21%), “porque eran muy negros” (18%), “porque eran malagradecidos” (24%), “porque olían mal” (11%), “porque mataban a dominicanos” (8%)”porque hacían brujería y maldad” (7%), “porque eran pobres” (5%) y no sabe el resto 6%.
La mayoría revelo que aprendieron a rechazar a los haitianos en su hogar, en el vecindario o comunidad donde viven o han vivido. Otros dijeron haber aprendido en la escuela o escuchándolo a través de los medios de comunicación que a los “haitianos hay que sacarlos del país”.
Los prejuicios han dañado la sana convivencia entre haitianos y dominicanos. Hemos construido una animadversión en contra de los vecinos. No sucede lo mismo con los inmigrantes españoles, alemanes, norteamericanos, que existen por millares, quienes son tratados correctamente con respeto y cariño. Esos son blancos. El prejuicio es contra los haitianos por ser negros y pobres.


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