Elías Barreras Corporán es uno de los muchachos del patio a quien todos debemos estimular y querer.
Basta tratarlo una sola vez para rápidamente entender que compartimos con un gordo afable y solidario, digno de conservarlo en el reducido cofre de los auténticos amigos.
La vida lo ha obligado a subsistir en un submundo diferente a su lar nativo en donde constantemente proyecta, con una tenacidad propia de extraordinario espartano, cómo es posible superar los obstáculos materializando sus sueños sin necesidad de recurrir a las triquiñuelas y las diatribas cimentadas en la mal sanidad y el engaño.
Es un ejemplo donde de manera paulatina se pone de manifiesto la realidad de que es posible avanzar, con sacrificios y dignidad, escalando la escalera que conduce a la infinita satisfacción que genera el deber cumplido.
No existe una iniciativa de trascendencia protagonizada por la laboriosa y paradigmática diáspora dominicana, residente en la impresionante y bulliciosa urbe neoyorquina, en donde la presencia y el inmediato accionar de Elías Barreras Coporán pase desapercibido.
Y tiene que ser así porque, para el voluminoso cuerpo y el dinamismo que siempre imprime el sobrino de nuestro inolvidable hermano negro, Rafael Corporán de los Santos, luce imprescindible la existencia de un espacio a cubrir con entereza y entusiasmo cuando se trata de contribuir al desarrollo y el reconocimiento de los dominicanos en La Gran Manzana.
Sus constantes expresiones de solidaridad se agigantan con el sólo saber que en su identificación con las nobles y justas causas de sus correligionarios nunca interpone la fronteras del color, las limitaciones de la procedencia y las condicionantes de las banderías partidarias y la religiosidad.
Por eso, entre otras razones, Elías Barreas Corporán se ha sabido granjear el valioso afecto, cariño y aprecio de quienes aun en la lejanía y luego de un prolongado tiempo en el involuntario exilio económico, sufriendo sus incontables embates, continúan defendiendo y amando la dominicanidad.
Siendo de esa manera, y ahora que el licenciado Danilo Mediana Sánchez, presidente de la República, se propone escoger a quienes tendrán la responsabilidad de dirigir y desarrollar el Instituto del Dominicano en Exterior, con sede en New York, bien sería, como reconocimiento en justicia a la nobleza y el trabajo comunitario y comunicacional de Elías Barreras Corporán, elegirlo para que tuviese el privilegio de ser parte del equipo de dirección, administración y ejecución de ese novedoso organismo.
Con su merecida designación, el mandatario dominicano, más que corresponder a las expectativas y necesidades cotidianas del mesurado y conciliador miembro de la familia Corporán, continuaría proyectando, como gobernante, su incuestionable sensibilidad humana, incentivando al dominicano en el exterior a seguir comprometido con el presente y el futuro de su país, a través de una labor social ejemplarizante y por tanto, digna de emulación.
Manos a la obra, señor presidente..!!



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