Ciertamente, como dijo el presidente Luis Abinader, los arroceros sabían lo que venía. Es decir que el precio del arroz de producción nacional no podía competir con el importado desde los Estados Unidos por los subsidios que reciben los productores norteamericanos, quienes disponen de grandes extensiones de tierra, tecnificación en la siembra, cosecha y procesamiento de un producto de primer orden en la alimentación del pueblo dominicano.
Desde que nuestro país firmó el acuerdo DR-CAFTA en el año 2004 debimos empezar a prepararnos tecnificando y abaratando la producción del cereal, pero como siempre sucede, todo se dejó para el último minuto y por eso el corre corre y griterío cuando el presidente se vio obligado a derogar el decreto 693-24 que establecía aranceles para la importación del arroz procedente de los EE.UU.
Aunque el tema quiso politizarse, en un principio por personas que pasaron por el gobierno y nunca hicieron nada para resolver la situación, considero que los sectores ligados a la importación y comercialización del cereal, deben ponerse de acuerdo para abstenerse de importar el arroz de producción norteamericana a cambio de recibir alguna compensación del Estado, contribuyendo de esa manera, mientras tanto, a la preservación de una industria tan importante para la economía del país.
sp-am

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