Seguridad Nacional en jaque

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La autora es licenciada en Relaciones Internacionales. Reside en Santo Domingo.

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POR YOAREM MONEGRO

Decía Thomas Hobbes, sobre la soberanía, que es un poder absoluto, indivisible y supremo que surge por medio de un pacto social, en el que los individuos renuncian a su libertad ilimitada del «estado de naturaleza» para entregarla a una autoridad superior, a cambio de orden, paz y seguridad.

Por su parte, la Universidad de Cambridge, ubicada en el Reino Unido, en su documento sobre la «Conceptualización del estado de emergencia, la gestión de crisis constitucionales y sus requisitos de Estado de derecho», indica que no es posible prever los detalles precisos de una emergencia ni determinar qué ocurrirá en tal caso, especialmente cuando se trata de una emergencia extrema y de cómo debe solucionarse. La máxima orientación que puede brindar la Constitución es indicar quién puede actuar en tales casos (2025).

Según Schmitt, el soberano es quien puede decidir sobre el estado de emergencia y los medios para evitarlo sin restricciones legales. Su teoría no solo está vinculada en el tiempo y el espacio al período de entreguerras, sino que también refleja su concepción más general del autoritarismo y su convicción de que el mayor mal que amenaza al Estado es el caos, que debe evitarse a toda costa (Universidad de Cambridge, 2025).

Actualidad

Recientemente, hemos visto cómo el caos se apodera de la Ciudad del Amor, París, ante una gran masa poblacional proveniente de una cultura distinta que, según algunas interpretaciones, quiere tomar el control. Esto también ha ocurrido en otras ciudades de Francia, como Lyon, Estrasburgo y Marsella. En sus redes sociales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó que esto es fruto de una inmigración islámica fuera de control que intenta tomar el control.

Posteriormente, vimos algo similar en Vancouver: caos en las calles bajo dos contextos, uno político y otro vial, relacionado con el tráfico. Recordemos que Canadá llevaba mucho tiempo solicitando que las personas viajaran al país por motivos de estudio o trabajo para aumentar su tasa poblacional. Era considerado uno de los países más seguros, tranquilos y limpios, con una alta tasa educativa. Ahora, ante este impacto en materia de seguridad, podemos ver claramente lo vulnerables que son los Estados ante un descontrol migratorio.

La barba en remojo

Recientemente, en República Dominicana, pudimos apreciar por primera vez, en carne viva, el impacto de un hecho ocurrido en un solo momento y durante un mismo evento, algo que no debió pasar y para lo cual debió existir una previsión por parte de las entidades organizadoras de la actividad, de las fuerzas del orden público y, por qué no, también de las fuerzas militares.

Esto nos deja un ejemplo más del uso de armas dentro de un evento y de manera interna, así como de grabaciones que apuntan a un escenario complejo. Hay rostros que pueden ser identificados y vinculados.

Los ejercicios siempre han sido considerados prácticas. Si eso fue un ejercicio y no un simple evento, ¿hacia dónde vamos?

Por razones de seguridad y defensa, es lamentable el nivel al que hemos llegado y el rumbo que estamos tomando silenciosamente, así como lo que podría suceder. Nuestro país no nos duele; nuestra bandera tampoco. Nuestros símbolos, soberanía, territorio e identidad no parecen importarle a nadie.

¿Por qué razón? Si de verdad importaran, los mismos dominicanos no utilizarían la bandera como ropa interior ni se publicarían esas imágenes en los medios de comunicación. La música no transmitiría mensajes de muertes y abusos, y nuestras fuerzas de seguridad se manejarían en otra sintonía. Si hubiera un sentimiento nacionalista por la República Dominicana, las drogas, el crimen organizado y el sicariato no estarían a la orden del día.

Si tuviéramos el patriotismo del que tanto se habla, pero que no se ve, no estarían los haitianos disponiendo de nuestros espacios públicos, que les son cedidos por los mismos dominicanos que van semanalmente a cobrar sus mesadas de hasta un 10 % para no desalojarlos. Si hubiera nacionalismo, no estarían los dominicanos cobrando entre 7,000 y 40,000 pesos a los haitianos para introducirlos en el país y gestionarles documentos.

Si la República Dominicana nos doliera de verdad, las leyes no serían simples papeles, sino que se aplicarían en su totalidad. La migración no sería una de las principales problemáticas, y mucho menos lo sería la seguridad ciudadana, que, según esta perspectiva, está afectada e influenciada en gran medida por la cultura haitiana, no por el hecho de que sean nuestros vecinos, sino porque, según el autor, son los dueños de los lugares que frecuentan.

Me da mucha pena el esfuerzo de nuestros padres de la patria. También siento pena por quienes, con sangre y sudor, crearon nuestra bandera. ¿De qué sirvió la independencia si hoy estamos juntos y revueltos, como mansos y cimarrones?

Lo sucedido internacionalmente debe servir de espejo para la República Dominicana. Debemos mirarnos en esas experiencias y comenzar a prever, porque el cáncer, detectado a tiempo, tiene cura. Y aquí no estamos hablando de salud, sino de seguridad nacional.

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Miderecho
Miderecho
3 horas hace

RECORDEMOS , UN CRIMINAL MENOS ES PODER VIVIR EN PAZ Y UNO MENOS CON ARMA ILEGAL !
NO LE HECHEN CULPA AL POLICIA SI ES ENFRENTADO POR UN CRIMINAL ARMADO Y EJECUTADO EN EL ENFRENTE,,»»LOS DERECHOS HUMANOS » QUE BUSQUEN LUGAR EN OTRO PAIS ,,QUEREMOS PODER SALIR A LAS CALLES SIN EL TEMOR DE SER ASALTADO CON MI FAMILIA EN PARQUE , LUGARES DE RECREO !
QUEREMOS PENA CAPITAL !