La historia dominicana de las décadas de 1960 y 1970 continúa siendo objeto de apasionados debates. Entre los temas más controvertidos figura la valoración de los grupos armados de izquierda que durante los gobiernos constitucionales del doctor Joaquín Balaguer intentaron alcanzar el poder por medio de la lucha guerrillera, rural primero y urbana después, y la insurrección.
Para algunos, aquellos combatientes fueron héroes revolucionarios y para la mayoría que había votado por la paz constituyeron movimientos sediciosos que atentaron contra el orden constitucional de la República.
La respuesta a esta cuestión exige comenzar por un principio fundamental: la existencia de un gobierno legítimo. Después de las elecciones de 1966, la República Dominicana contó con autoridades surgidas de un proceso electoral reconocido por la Constitución y por la comunidad internacional.
Se podrá discutir la calidad de la democracia de la época, como lo hacen algunos sectores siempre vinculados a la defensa de la insurgencia, pero resulta muy difícil negar que existía un Estado organizado, con instituciones en funcionamiento y con autoridades investidas de legitimidad jurídica.
Frente a este orden constituido, diversos grupos de izquierda optaron por la lucha armada para derrocar a un gobierno legítimo que reestableció el Estado de derecho quebrado en 1963. No buscaron conquistar el poder mediante elecciones, ni persuadir a la mayoría de los ciudadanos mediante el debate democrático.

Su estrategia consistió en promover la insurrección, organizar focos guerrilleros y desencadenar una revolución inspirada en los modelos que entonces se extendían desde Cuba hacia otras naciones de América Latina.
Sedición
Desde el punto de vista político y jurídico, tales acciones constituyen actos de sedición. La sedición consiste precisamente en levantarse contra la autoridad legítimamente constituida con el propósito de sustituirla por la fuerza. Quien intenta derrocar un gobierno mediante las armas se coloca fuera de las reglas de la competencia democrática y desafía el principio básico de que el poder debe de obtenerse por el consentimiento de los gobernados y no por la violencia.
Algunos sostienen que aquellos insurgentes fueron héroes porque exhibieron coraje personal. Sin embargo, el heroísmo no puede definirse únicamente por la disposición a morir por una causa. Si así fuera, cualquier fanático, religioso o no, estaría automáticamente revestido de gloria. La historia enseña que el valor es una virtud moralmente neutra: puede ponerse al servicio de la libertad o de la tiranía y el totalitarismo.
El verdadero héroe no es solamente quien arriesga su vida, sino quien lo hace en defensa de principios que fortalecen la libertad, la paz civil y el bien común. Por el contrario, quien intenta imponer un proyecto político mediante las armas, desconociendo la voluntad expresada por los ciudadanos en las urnas, abandona el terreno del heroísmo cívico para ingresar en el de la insurgencia revolucionaria.
La experiencia histórica de la Guerra Fría ofrece una lección reveladora. En numerosos países del mundo, movimientos similares prometieron liberar a los pueblos mediante la revolución armada. Sin embargo, en muchos casos terminaron estableciendo sistemas de partido único, restringiendo libertades fundamentales y sustituyendo una forma de autoritarismo por otra.
La historia posterior demostró que la democracia representativa, con todos sus defectos, ofrecía mayores posibilidades para la convivencia pacífica y la protección de los derechos individuales.
La propia evolución política dominicana confirma esta conclusión. Ninguno de los cambios trascendentales producidos en el país desde 1966 ha sido fruto de la lucha guerrillera. Por el contrario, han surgido del voto popular, de las reformas institucionales y de la participación ciudadana. La democracia dominicana se consolidó cuando las armas fueron sustituidas por las ideas y cuando la confrontación armada cedió el paso al debate político.
Esto no significa que deba negarse la sinceridad de las convicciones de quienes participaron en aquellos movimientos. Muchos creyeron honestamente que actuaban en beneficio del país. Tampoco implica ignorar los excesos propios de estas situaciones incurridos por el Estado en aquellos años. Pero simpatizar con las motivaciones de los insurgentes no obliga a convertirlos en héroes nacionales.
La historia debe distinguir entre la admiración por el valor personal y la aprobación de una causa política. Puede, incluso, reconocerse el coraje de determinadas personas sin olvidar que sus acciones estuvieron dirigidas contra un orden constitucional existente y que buscaban sustituirlo por medio de la fuerza.
Por ello, desde la perspectiva de la legitimidad institucional y del Estado de derecho, los grupos armados de izquierda que actuaron en la República entre 1966 y 1978 deben ser considerados fundamentalmente movimientos sediciosos. Su propósito no era perfeccionar la democracia mediante los mecanismos legales disponibles, sino reemplazarla mediante la insurrección armada.
El juicio histórico podría reconocer la valentía de algunos de sus integrantes, pero ello no altera la naturaleza esencial de su proyecto político ni de los métodos empleados para alcanzarlo.
Gran lección
La gran lección de aquellos años es que la estabilidad, la libertad y el progreso de las naciones dependen más de la fortaleza de sus instituciones que de la fuerza de las armas. Los héroes verdaderos de una democracia son aquellos que convencen, construyen y sirven al bien común dentro del marco de la ley; los sediciosos, por nobles que consideren sus intenciones, buscan imponer por la violencia lo que no han logrado obtener mediante el consentimiento de la sociedad.
Estos párrafos los hemos escrito para que las generaciones actuales, que disfrutan de nuestra democracia y sus libertades, sepan que no somos un estado totalitario o una nación regida por una dictadura, gracias al coraje de las autoridades en 1966, especialmente de un presidente que supo corresponder al llamado de la historia.
Con el paso del tiempo si existiera un Héroe sería Joaquín Balaguer, que trabajó en medio de una feroz oposición para consolidar nuestra democracia y sus instituciones en favor de todo el pueblo dominicano.
jpm-am

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Excelente articulo
SI, AQUELLOS JOVENES FUERON HEROES Y ES PARTE DE LA HERENCIA DE LA VIOLACION DE LOS DERECHOS HUMANOS DE ESE ENTONCES QUE FUE EL GOLPE DE ESTADO A JUAN BOSCH Y LUEGO LA VIOLACION A LA SOBERANIA EN LA GUERRA DEL 1965, SI CLARO QUE FUERON HEROES QUE JUGARON SU PAPEL HISTORICO EN EL MOMENTO OPORTUNO DE LA GUERRA FRIA EN LA INSTALACION DE UNA DICTADURA DEL DESORDEN A RAIZ DE LA INSTAURACION EN EL PALACIO DE UN PANDILLERO ILUSTRADO COMO JOAQUIN BALAGUER, QUE DICHO SEA DE PASO HEREDO DE TRUJILLO UN ESTADO EMPRESARIAL Y LO PUDRIO, EN DOCE AÑOS… Leer mas »