Llega septiembre y, con él, una invitación especial que la Iglesia nos hace cada año: dedicar este mes a la Sagradas Escrituras.
A septiembre le llamamos el mes de la Biblia y no es por casualidad. La razón es que el 30 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de San Jerónimo, el gran traductor de la Biblia al latín.
Y es que tenemos que conscientizarnos cada vez más de que la Biblia no es un libro más. Es el libro de los libros. Es la Palabra viva de Dios que nos habla hoy. A veces nos intimida porque tenemos la percepción de que sólo es para los sacerdotes y teólogos. Y si bien es cierto que sobretodo es para ellos, cuya misión es ayudar al pueblo de Dios en la comprensión de la misma, este sagrado libro está escrito para nosotros, para nuestra vida diaria, para nuestras alegrías y nuestras dificultades.
Este mes es una oportunidad preciosa para acercarnos aún más a la Biblia, para leerla, meditarla y dejar con el auxilio del Espíritu Santo que nos transforme y sobretodo nos guíe.
Y es que la lectura de las Sagradas Escrituras nos acercan a Dios. A través de sus páginas escuchamos su voz. Dios camina con nosotros, nos consuela, nos corrige con amor y nos anima a seguir adelante. Esta cercanía nos da una paz que el mundo no puede dar y nos llena de optimismo y vitalidad, porque solo El nos da vida, y no vida simplemente, sino, vida eterna.
La Biblia se podřía decir que es nuestra brújula de vida. Como recientemente mencioné, si al leerla no como un libro más, sino orando antes e invocando al Espíritu Santo, se nos señañará los mandamientos de la Ley de Dios, los profetas en el Antiguo Testamento, los Salmos, los evangelistas con las parábolas de Jesús, sus santas palabras, las cartas de san Pablo etc… todo nos ayuda a discernir lo que es bueno y lo que no lo es.
Nos enseña a perdonar, a ser justos, a evangelizar, a servir a los demás y a confiar en la providencia de Dios. Además nos fortalece en la fe. Al leer la Biblia vamos conociendo mejor a Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Lo mejor de todo es que cuanto más lo conocemos, más lo amamos. Y cuanto más lo amamos, más deseamos seguirlo.
Muchas personas quieren leer la Biblia, pero se abruman, no saben por dónde comenzar. Es normal sentirse así, pero no le temamos.
Empecemos por los Evangelios. Mateo, Marcos, Lucas y Juan que se centran en la vida de Jesús. Diría que son el corazón de la Escritura. Una humilde propuesta es leer un capítulo al día, o incluso un pasaje más corto. Lo importante no es la cantidad, sino la calidad: leer despacio, meditar y dejar que las palabras nos penetren al alma.
Otra buena forma es seguir el calendario litúrgico. Cada día la Iglesia propone lecturas de la misa. Leerlas en casa, antes o después de ir a la eucaristía nos ayuda a profundizar más en ella.
Otro tip es unirse a curso biblicos que ofrece nuestra Iglesia Católica (Investigar en sus parroquias).
Por último no olvidar una oración sencilla: “Señor, abre mi mente y mi corazón para entender tu Palabra” y después de leerla, preguntarnos: ¿Qué me dice Dios hoy? ¿Qué puedo aplicar en mi vida?
La Iglesia siempre ha valorado la Sagrada Escritura. El Concilio Vaticano II, en la constitución «Dei Verbum» nos recuerda que la Biblia es “alimento del alma” y “fuente pura y perenne de la vida espiritual”.
Los pontífices han insistido una y otra vez en la importancia de leerla. San Juan Pablo II, Benedicto XVI, el papa Francisco y ahora el Papa Leon XIV han invitado a todos los fieles a acercarse a la Escritura con frecuencia.
San Jerónimo decía: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo”. Estas palabras siguen siendo actuales. Cuanto más conocemos la Biblia, más conocemos a Jesús. Y conocerlo es el mayor regalo que podemos recibir.
A modo de animarles a leer las Sagradas Escrituras investigué algunas palabras que utilizaron algunos padres y doctores de la Iglesia y éstas son las que más me gustaron:
San Juan Crisóstomo (c. 349-407), Padre y Doctor de la Iglesia

«Esto es lo que ha arruinado todo: el pensar que la lectura de las Escrituras es solo para los monjes, cuando vosotros la necesitáis más que ellos. Los que están en el mundo y reciben heridas cada día tienen más necesidad de la medicina. […] Cosas así las inventó el demonio.» (Homilía 2 sobre Mateo).
Tambien dijo: «Esta es la causa de todos los males: el no conocer las Escrituras. Vamos a la batalla sin armas, ¿y cómo vamos a salir ilesos?» (Homilía 9 sobre Colosenses).
San Agustín de Hipona (354-430), Padre y Doctor de la Iglesia se refirio al tema asi:
– «El hombre habla tanto más o menos sabiamente cuanto más o menos avanza en las santas Escrituras. No digo en leerlas mucho y aprenderlas de memoria, sino en entenderlas bien e indagar diligentemente sus sentidos.» (De doctrina christiana).
San Isidoro de Sevilla (c. 560-636), Padre y Doctor de la Iglesia aclara:
– «La oración nos purifica, la lectura nos instruye… Si un hombre quiere estar siempre en compañía de Dios, debe orar regularmente y leer regularmente. Cuando oramos, hablamos a Dios; cuando leemos, Dios nos habla.»
– San Bernardo de Claraval (1090-1153), Doctor de la Iglesia: «La persona que tiene sed de Dios estudia y medita ansiosamente la Palabra inspirada, sabiendo que allí encontrará con certeza a Aquel a quien busca.» (Comentario al Cantar de los Cantares).
Que este septiembre pueda marcar una diferencia en nuestras vidas al aceptar esta invitación concreta y accesible a todos. Dios quiere hablarnos y acompañarnos para darnos su luz y su fuerza. Cada página es una oportunidad de encuentro. Que sea un tiempo de gracia. Que la lectura de las Sagradas Escrituras nos acerque más a Jesús, nos ayude en las dificultades y nos renueve en el amor de Dios.
Para terminar estas líneas y a modo de testimonio les confieso que cuando tenía 20 años (ha llovido mucho desde entonces) sentaí vergüenza por no estar segura de haber leído la Biblia entera y decidí leerla página por página desde la página 1, aunque no incluyera la Apocalipsis por no sentirme capaz de entenderle (sabia decisión).
Creánme que fue una experiencia inolvidable.
Desde que terminé, la sigo leyendo de forma diaria
según el parámetro que nuestra Iglesia nos propone con la lectura del día y que completo su comprensión en la Eucaristía diaria escuchando la homilía de nuestros sacerdotes.
¡Atrevamosnos a leerla!
La Biblia nos espera y Dios nos espera en ella.
¡Bendiciones!
jpm-am


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