POR YANET GIRON
En el mundo, los terremotos, las inundaciones, los ciclones y los deslizamientos de tierra siguen dejando destrucción y muerte. Sin embargo, después de cada tragedia volvemos a preguntarnos ¿por qué ocurrió?, cuando muchas veces el riesgo estaba frente a nuestros ojos. Seguimos construyendo donde no debemos, como si la naturaleza tuviera que adaptarse a nuestras decisiones.
Ríos, cañadas, lagunas, barrancos y terrenos vulnerables han sido ocupados para levantar viviendas, negocios y hasta edificaciones de varios niveles. En algunos casos se rellenan lagunas, se tapan cañadas o se altera el curso natural del agua para ganar terrenos. Mientras no llueve, todo parece estar bajo control; pero cuando llega una tormenta, el agua busca su camino.
También están los terremotos, que no avisan ni distinguen entre una construcción costosa y una humilde. Una edificación levantada sin tomar en cuenta las condiciones del suelo, la calidad de los materiales o las normas de seguridad puede convertirse en una trampa.
El problema no es solamente construir, sino construir sin preguntarnos si aquello que levantamos podrá resistir si llegare el momento de ser puesto a prueba.
Y aquí surge una pregunta que deberíamos hacernos con mayor responsabilidad: ¿cuánto vale una casa si está construida en un lugar donde la vida de sus habitantes corre peligro? Tener un terreno o una vivienda propia es un sueño legítimo, pero ningún sueño debería construirse ignorando los riesgos. Lo barato de hoy puede convertirse en la pérdida de mañana.

Pero tampoco sería justo responsabilizar únicamente a las familias. Muchas personas construyen donde pueden porque sus recursos son limitados. Ahí también existe una responsabilidad de las autoridades, que deben garantizar una planificación territorial adecuada, supervisar las construcciones y evitar que zonas de alto riesgo terminen convertidas en comunidades expuestas a cualquier fenómeno natural.
La naturaleza lleva tiempo enviándonos señales
Cada inundación, cada deslizamiento y cada terremoto debería servirnos para revisar la manera en que estamos ocupando el territorio. No podemos seguir rellenando espacios naturales, construyendo sobre cauces o levantando estructuras sin estudios adecuados y luego sorprendernos cuando el agua, la tierra o la fuerza de un sismo hacen visible el error.
Construir no debería ser solamente levantar paredes; debería ser una decisión de responsabilidad. Antes de comprar un terreno, debemos saber dónde está, qué riesgos existen y si realmente es apto para construir con un estudio de factibilidad. Porque al final, una casa puede reconstruirse, un terreno puede recuperarse y el dinero puede volver a conseguirse; pero una vida perdida no tiene reconstrucción posible.
jpm-am


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