NUEVA YORK.- Revisar diariamente un paquete de textos elaborados por colaboradores para publicarse como noticias o artículos, me ha permitido conocer el nivel de calidad de muchos escritores.,
Algunos podrían recibir la calificación de excelentes, otros de buenos, varios de regulares y un montón de malos o pésimos.
Uno del primer grupo -de los buenos redactores- me ha llamado siempre la atención. Primero por sus artículos bien hilvanados y -luego de conocerlo- por su conversación interesante llena de anécdotas y vivencias.
Me refiero a Rolando Robles, petromacorisano artista de la escritura, ícono en el reducido sector periodístico de la llamada Gran Manzana.
Dónde y cómo aprendió a escribir?. Cómo y cuándo vino a parar a Nueva York? Cuál ha sido su accionar en el campo de la comunicación pública?.
Son algunas de las interrogantes que me he formulado acerca de él, a quien muchos llaman, afectivamente, Jabalí.
La primera vez que hablé reposada y personalmente con él fue hace dos años en el restaurant Nueva España, de la calle 207, en el alto Manhattan, un sitio donde se puede comer bien.
Estaba acompañado de otro buen escritor, Carlos McCoy, con quien también hablaba por primera vez y hace algunos meses falleció sorpresivamente aquí
La segunda ocasión lo hice en el mismo lugar, pero acompañado de Javier Fuentes, quien -vaya la coincidencia- es de los pocos dominicanos radicados en esta urbe pasibles de etiquetar como escritor de primer orden. En esta oportunidad, hace algunas semanas, estuvo presente por breve tiempo el inquieto y locuaz Elías Barreras Corporán.

Para conocer más de Robles, miembro del club de los ochentones, aproveché este último encuentro y lo sometí a boca de jarro a un amplio cuestionario en el que reveló muchos aspectos de su personalidad.
1.- Cuáles son tus orígenes familiares?
Mi familia es de origen rural, descendientes de migrantes de las islas caribeñas Antigua y Saint Kitts. En su versión más lejana, mis ancestros vienen de la Madre Patria, África; miembros de la etnia “Bantú”, establecida en la costa oeste del continente. Nuestro ADN sugiere que tengo sangre bantú en un 63%, 8% “wolof”, 4% “fula” y un 5% de otras tribus africanas (kongo, kimbundú, hausa y mandinga); el restante 15 o 20% apunta a los colonizadores españoles y portugueses.
Yo nací en San José de Los Llanos, San Pedro de Macorís, para ser más exacto en el batey Tabila, en los linderos del antiguo ingenio de Las Pajas. Físicamente tengo los rasgos de un mulato común, y culturalmente “soy orgullosamente Cocolo” pero, por la rama materna, pues doña Chea Heredia fue mi progenitora, “me defino como Rayano”, o sea descendiente -en cierto grado- de nuestros vecinos haitianos.
2.- Qué pasos diste en tu pueblo natal?
En verdad muy pocos, porque emigramos a la Capital en 1953 y mi padre, don Ramón Robles -en su condición de policía- fue trasladado repetidas veces; de modo que pasé mi niñez temprana entre San Juan de la Maguana y Barahona, pero solo conservo recuerdos vagos de mi estancia en esos lares; sin embargo, el pueblo que sí recuerdo es San Francisco de Macorís, donde llegamos en 1954.
Aunque solo vivimos unos meses allí, a mi me pareció que fue toda una vida. En mi memoria -ya afectada seriamente por el paso del señor tiempo- aún conservo gratísimos recuerdos de lo que para entonces yo percibí como “las tres grandes maravillas de Macorís”: el charco del río Jaya detrás del hospital, el arroz con pollo de los chinos pobres y los deliciosos helados El Polo.
3.- Cuándo y por qué te fuiste a Santo Domingo?
Como dije antes, fue en 1953 pero procede señalar aquí que yo no me fui para la ciudad de Santo Domingo sino que, a mí me llevaron a vivir allí, pues para la época, yo solo contaba con seis años de edad. De cualquier modo, luego de mi corta estancia en la región Sur del país, mi padre fue de nuevo transferido, como policía que era, al más popular pueblo del Cibao, San Francisco de Macorís.
Ya he referido parte de esa experiencia en ese pueblo de ensueño, pero no puedo dejar pasar algunos hechos que fueron trascendentes en mi vida; por ejemplo, en la antigua “calle ancha” (hoy avenida Libertad), cerca de la Luperón, doña Trina, una anciana maestra que tenía una escuelita particular, me enseñó a leer, escribir y lo básico sobre Moral y Cívica. Recuerden, vivíamos en la Era de Trujillo y la escuela era muy formal.
Para 1955, salimos de San Francisco, porque mi padre se sacó dos vigésimos del premio mayor de la lotería nacional y compró un colmado en el sector de Villa Consuelo, en la José Trujillo Valdez esquina Juan Evangelista Jiménez. Colmado Constelación se llamó y tenía un letrero en su interior que no sé quién lo mandó a poner, pero si recuerdo que el legendario pintor de “brocha gorda y fina” del barrio, “Boñé”, fue quien lo retocó cuando recibimos la llave de los antiguos dueños. “Seguiremos Triunfando con Trujillo en el Poder”, así proclamaba el letrero.

4.- Cómo ves ahora a tu lar nativo, en sentido general?
Es una de las zonas más atrasadas del país y las penurias campean por doquier, De hecho, el batey donde yo nací (Tabila), ya no existe; desapareció cuando mudaron el ingenio Las Pajas -que era propiedad de los Vicini- para entre San Cristóbal y Baní y lo nombraron Ingenio Caei, que es un acróstico de: Compañía Anónima de Explotaciones Industriales.
Como ya he dicho, mi memoria no guarda imágenes muy claras de mis primeros años de vida, aunque hay algunas pocas excepciones. Recuerdo con exactitud un juego de dados que se escenificaba debajo de un “barracón” que se levantó en un terreno irregular y en uno de sus extremos cabía perfectamente un hombre adulto parado. Parece que el juego de azar estaba permitido en esa época (inicio de los años 50’s) porque la patrulla de guardias que a veces pasaba por allí, no impedía el juego ni hacía detenciones.
No vi mujeres jugando o apostando y las haitianas que vendían frituras y guarapo a los jugadores lo hacían desde afuera, nunca entraban al escenario de apuestas. A mi me pareció que era una disposición contra las mujeres, porque a los niños sí nos permitían entrar y mirar el juego; pero había que salir rápidamente cuando llegaba la patrulla.
Otra estampa que he conservado en la memoria es aquella del alcalde del lugar conduciendo en calidad de “detenidos” a una veintena de hombres que armaron una reyerta que no tuvo consecuencias lamentables. La fila india la encabezaba “Pincho María”, alcalde pedáneo y marido de doña María Lora, así lo diferenciaban de “Pincho Gisela”, un laborioso agricultor y marido de doña Gisela Villa, comadre y confidente de mi madre.
Luego seguían los revoltosos, y finalmente -cerrando el desfile- Robin, un fornido mozalbete sobrino y ayudante del alcalde. Robin llevaba en un saco los machetes y cuchillos que el alcalde incautó a los peleadores; y en ese orden recorrieron los cerca de tres kilómetros, hasta llegar al puesto de ejército. A los que empezaron la pelea les pusieron multas de RD$5.75 a c/u y a los otros los soltaron. Nunca supe quién era el “juez” que dictaba sentencia.
5.- Qué extrañas del SPM de tu niñez y juventud?
Mas bien de mi adultez, porque siempre tuve contacto con Macorís del Mar y Los Llanos, mas no así con mi batey natal Tabila y otros en los que vivió mi familia. Ir a Macorís de fin de semana era como ir de parranda con mis amigos por un par de días. Nunca me quedé a vivir, es más, no creo haber pernoctado en la ciudad por más de tres o cuatro días.
En mis visitas había paradas obligatorias. Primero pasaba por lo de “Guipa” rumbo a Miramar, para tener un detalle completo de lo último que sucedía y de paso dar un mordisco a sus famosos sándwiches, que no eran más que “un pan con mucha carne adentro”, al tiempo que le llevaba su “regalo” favorito: una cachucha nueva de las Estrellas Orientales y algún encargo que él había hecho a mi papá, que eran amigos desde que mi padre se enganchó a la Policía.
Después seguía la visita ineludible a La Arena, a cualquiera de sus cabarets, a conversar con los viejos amigos de mi papá y a darle sus pesitos a las “pecadoras contertulias”, que siempre me veían como un hijo y nunca insinuaban ni trataban de pasar a “hechos mayores”. Era muy frecuente oírlas decir con evidente orgullo: «esos muchachitos viven en la Capital, pero tienen el ombligo enterrado aquí”.
Las otras paradas de reglamento eran donde Prandy, en Punta Garza, a disfrutar de sus famosos “cangrejos guisados con yuca”; luego hacíamos “un vuelo rasante” por el parque y recorríamos el malecón, rumbo a la “Playa del Muerto”, terminando donde mi tía Muñeca, en la calle Ambar.
6.- Cómo te iniciaste en la comunicación?
De manera accidental. Un día -en la década de los 90’s- vi a Fermín Luna en un programa de TV y como no me sentí representado, saqué al aire el programa Alto Nivel, primero por los canales comunitarios de la ciudad (Manhattan, Bronx y Brooklyn/Queens) y luego por el canal 35 (pagado). Paralelamente empecé a escribir para El Diario/La Prensa como columnista colaborador. Mi amiga del alma Nieves González, era la encargada de la Sección de Opinión.

7.- Qué pasos has dado dentro de ella?
En el año 2000, ya yo estaba establecido en la prensa diaria y en la TV. En el año 2002 establecí Alto Nivel en Radio, con un programa diario de 8PM a 10 PM y lo mantuve por unos 7 años. Para el año 2009 empecé a mandar mis trabajos semanales a www.Almomento.com y hoy continúo haciéndolo. De nuevo en la TV y radio, presento el programa Pensamientos Propios, analizando problemas diversos por Canal América (1014 de Optimun) y Alto Nivel, los domingos por la 89.3 Digital FM. En el año 2016 edité el periódico Los Bodegueros y a partir de 2017 la revista El Rumbo de Nueva York, que es mi principal medio de comunicación. En www.elrumbodenuevayork.net
8.- Mayor satisfacción dentro de la comunicación?
Establecer una opinión pública, confiable y respetada por los newyorkers, que me consideran un vocero auténtico de la dominicanidad en el exterior.
9.- Cómo la ves en estos momentos, comparándola con el pasado?
Seguimos arrastrando grandes falencias, porque los dominicanos no hemos aceptado a plenitud la máxima de “invertir en la segunda generación para salir del ghetto y hacer el crossover” en este país de bendiciones; y el Estado dominicano no alcanza a entender la necesidad de preservar la identidad nacional en ultramar.
10.- Agradeces impulsos a alguien?
En sentido general, a las instituciones. De panera personal, a los miembros del equipo que nos reunimos periódicamente para las tertulias, una fuente infinita de cultivar la opinión colectiva.
11.- Tuviste maestros?
Desde luego, fui formado en el nivel primario por los jesuitas del Politécnico Loyola de San Cristóbal y en la escuela secundaria soy un producto del clima de turbulencia que surgió con la muerte de Trujillo. Asistí a la UASD, estudiando Ingeniería Electro Mecánica y por supuesto, fui influenciado por el ambiente “revolucionario” que allí se respiraba.
Más tarde fui girando hacia el pensamiento conservador y hoy me considero “casi reaccionario”. Es un asunto de tiempo y de la conciencia que se decide reivindicar.
Sin temor a equivocarme, puedo asegurar que mi papá es quien más influencia ha tenido en mi formación; a pesar de no tener educación superior, Mon Robles supo inculcarme a fondo el hábito de la lectura como la única forma de alcanzar el conocimiento. El Viejo siempre tuvo un juicio muy sosegado y comprometido con los valores más excelsos de la dominicanidad.
12.- Tus figuras más admiradas históricamente en el campo del periodismo y la comunicación?
Dominicanos: Juan Bosch, Machy Constant, Eliseo de Peña y Pablo Mckinney
Extranjeros: Manuel Fraga (español) y Frank Bruni (americano)
13.- Actualmente a qué te dedicas?
Ya estoy retirado, edito la revista mensual El Rumbo de Nueva York, hago Alto Nivel en radio los sábados de 9 a 11 AM y La Verdad Hablada en Canal América, 1014 de Optimum.
14.- Cuándo llegaste a NY y que has hecho allí?
Llegué en 1986 de forma definitiva y trabajé para el hotel Mariott en World Trade Center hasta el 11 de septiembre de 2001 y en New York Hospital hasta mi retiro en 2014. Y por supuesto, levantar familia de nuevo.
josepimentelmunoz@hotmail.com
whatsapp: 809-945-1445


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