Por más dolor que exista y justa demanda de justicia, lo que ocurrió en el Jet Set no puede bajo ninguna circunstancia considerarse un crimen voluntario.
Todos, o la inmensa mayoría, de quienes perdieron un ser querido con sobradas razones identifican a los hermanos Espaillat como los responsables de la tragedia y es ciertamente es así.
Pero de ahí a decir que se trata de un crimen voluntario hay un tremendo trecho.
Nadie en su sano juicio quisiera verse en la situación por la que atraviesan ellos. Están tan destrozados que es imposible describirlo. De llevar una vida de paz, viven un infierno. Muchos de los fallecidos eran allegados, sin mencionar las inmensas pérdidas económicas que esta tragedia ha significado.
Pese a todo el dolor del mundo es un abuso idilgar intencionalidad a este suceso que nadie quería que ocurriera.
La siguiente definición obtenida mediante una búsqueda digital es absolutamente precisa:
“El homicidio involuntario (o culposo) es el delito de causar la muerte de una persona sin intención de matar, derivado de actos de imprudencia, negligencia, impericia o inobservancia de los reglamentos. A diferencia del asesinato, se castiga por la falta de cuidado y no por dolo”.
Si un familiar cercano hubiera estado entre las víctimas seguramente estaría pidiendo la cabeza de los Espaillat, el dolor ciega y se necesita un culpable y no hay a nadie más a quien señalar.
Seguramente me mantendría encerrado en reclamar justicia sin observar las atenuantes existentes. Y por más que leyera lo que trascribo a continuación, de la misma fuente, me mantendría cual fanático sosteniendo mi punto de vista.
“El homicidio voluntario es el delito consistente en quitar la vida a otra persona de manera intencional, ya sea por acción directa o por dolo eventual (sabiendo que la acción conlleva un riesgo mortal pero aceptando el resultado)”.
Estoy entre los conmocionados por este trágico suceso, demasiadas vidas perdidas en un instante, como si se tratara de un accidente aéreo o un atentado terrorista. Personas prestantes de la vida nacional y otros no tanto pero que forman parte de conglomerados familiares que resultaron desbastados. Todo el país enluteció. Varios compueblanos perdieron la vida.
Escribir sin llevarles la corriente a todos ellos es difícil, a los Espaillat solo los conozco por la prensa, nunca los he visto en persona ni he recibido ningún beneficio directo o indirecto de los mismos.
Creo que muchos que piensan como yo prefieren callar, ¿porqué defender a esos caballas que no hicieron los correctivos de lugar para impedir esta tragedia?
Pero esta no es una defensa, también en su momento los he odiado, pero es injusto no verlos como víctimas del destino y de su negligencia, pero víctimas al fin que sufren todo lo ocurrido, que no pensaron que algo así podía acontecer, que más allá de la decisión judicial vivirán con esa culpa en su consciencia.
Pero por más argumentos que se planteen, por más dolor que se sufra, por justicia que se demande, estamos ante un crimen involuntario y en base a ello debe pronunciarse la justicia dominicana.
of-am


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