El pasado como presente recurrente en la historia y la política

imagen
El autor es periodista

Escuchar artículo

POR ROBERTO RIMOLI

“El pasado nunca esta muerto. Ni siquiera es pasado”. William Faulkner

Muchas veces mis neuronas se pelean por la exactitud de los hechos de mi infancia. Siento que eso lo herede de mi padre Humberto un hombre brasileiro excepcional, quien recordaba todo a la perfección y con rapidez extraordinaria, lo cual he dado a conocer en la dedicatoria de uno de mis libros.

El pasado no es un archivo muerto como muchos creen, es el sustrato vivo del presente. Como decía el filosofo Santayana quien ignora la historia está condenado a repetirla; pero la repetición no es mero accidente, sino la forma dominante en que el tiempo humano se estructura.

El presente es efímero y aparente y rara vez se inventa. Casi siempre se recicla se reescribe o se revive.

La recurrencia histórica supera con creces la novedad, porque las pasiones, los intereses y las estructuras profundas del poder cambian menos que las tecnologías o los discursos superficiales.

En política, los grandes ciclos tales como el nacionalismo, populismo, autoritarismo no emergen de la nada. El Brexit, el Trumpismo y el ascenso de la extrema derecha europea son ecos del isolationismo prebélico, del fascismo interbélico y del resentimiento pos imperial.

El presente se presenta como ruptura pero opera con guiones heredados: el “nosotros contra ellos” tribal, la nostalgia de la grandeza perdida, el líder carismático que promete restaurar un orden ético. La innovación política real es excepcional como la recurrencia y la norma.

Las crisis repiten patrones casi idénticos: burbujas especulativas, endeudamiento masivo, colapso, intervención estatal y transferencia de riquezas. El capitalismo financiero moderno no rompe el ciclo sino que lo acelera con algoritmos, pero la desigualdad estructural y la inestabilidad inherente permanecen como constantes históricas. El presente añade velocidad, casi nunca velocidad esencial.

Walter Benjamin hablaba del “ahora” cargado de pasado: el presente político se ilumina (o oscurece) por “imágenes dialécticas” que rescatan fragmentos olvidados para confrontar el hoy.

Las políticas de memoria (Holocausto, dictaduras latinoamericanas, colonialismo) no superan el pasado sino que lo reactivan en el espacio publico, convirtiéndolo en un arma ideológica o reivindicativa. El olvido programado falla, mientras que el pasado regresa mas fuerte.

Los regímenes autoritarios contemporáneos reciclan mitos fundacionales: Putin invoca a la Gran Guerra Patria, Xi’an Ping el siglo de la humillación, Orban la Hungría cristiana medieval.

El presente no construye futuro, sino que reconstruye pasados selectivos para legitimar el poder. La propaganda digital simplifica esta recurrencia y no la disuelve: los memes y Fake news repiten técnicas de los años 30 con mayor alcance.

La filosofía de la historia confirma esta primacía: Schopenhauer veía en los acontecimientos la misma humanidad inmutable; Burckhardt, ironía ante la ilusión del progreso. El historicismo lineal del siglo XIX cedió paso al presentismo de Hartog, pero paradójicamente este presentismo intensifica la invocación del pasado como refugio o como acusación, mientras el futuro se evapora el ayer se expande.

El presente es una pintura de capa delgada y muy superficial de novedades técnicas y retoricas sobre un fondo de repeticiones antropológicas y estructurales.

Hay que tener muy presente que las revoluciones, las democracias, los derechos humanos mismos siempre se edifican sobre arquetipos antiguos (polis griega, el pacto romano, la igualdad evangélica) siempre reaparecen con disfraces modernos. De manera, que el pasado no es mas recurrente por cosas de la vida, sino porque es más profundo en todo el sentido estricto de la palabra.

Reconocer esta primacía no implica fatalismo, sino todo lo contrario: Lucidez. Romper ciclos exige primero y antes que nada nombrarlos sin autoengaño.

Mientas el presente se crea original, el pasado sigue gobernando en silencio y la verdadera discontinuidad seria admitir que la historia no avanza, sino que regresa obsesivamente como presente disfrazado

jpm-am

Compártelo en tus redes:
ALMOMENTO.NET publica los artículos de opinión sin hacerles correcciones de redacción. Se reserva el derecho de rechazar los que estén mal redactados, con errores de sintaxis o faltas ortográficas.
0 0 votos
Article Rating
guest
0 Comments
Nuevos
Viejos Mas votados
Comentarios en linea
Ver todos los comentarios