Llamarles «los de afuera» es el primer error. Porque no están afuera. Están dentro de cada transferencia en Caribe Express, dentro de cada caja de ropa que llega en diciembre, dentro de cada título universitario que se pagó con horas extras en una factoría de Nueva Jersey.
«Los de afuera» sostuvieron este país cuando el turismo cerró, cuando los apagones eran de 12 horas y cuando el peso no valía ni el papel. En 2025 mandaron más de 10,000 millones de dólares. Eso no es ayuda. Es un pilar del PIB. No son visitantes: son accionistas.
RD NO CABE EN DOS MAPAS
Nos enseñaron que la República Dominicana termina en Punta Cana y en Montecristi. Mentira. Termina en Washington Heights, en Lawrence, en Madrid, en Milán. Ahí hay barrios donde se habla mejor cibaeño que en Santiago. Donde el sancocho del domingo es ley y donde los niños dicen «qué lo qué» antes que «what’s up».

«Los de afuera» no perdieron la cultura. La multiplicaron. El dembow suena en discotecas de Ámsterdam porque un hijo de dominicanos lo puso. La bandera no se quedó en el Malecón: camina por la Quinta Avenida cada agosto.
DE REMESA A DERECHO
Pero el país los trata como cajero automático con pasaporte. Les pedimos que inviertan, que vengan, que gasten, que promuevan. Y cuando piden votar, les damos tres colegios electorales para dos millones de personas. Cuando piden invertir, les damos burocracia. Cuando mueren, les cobramos hasta por traer el cuerpo.
«Los de afuera» no quieren homenajes en el Día del Dominicano en el Exterior. Quieren que el consulado no los trate como sospechosos. Quieren abrir una cuenta de banco sin tener que viajar. Quieren que su título de enfermería valga aquí sin peregrinar tres años. Quieren que el boleto aéreo no cueste un riñón por ser diciembre.
SE SE VAN, NOS CAEMOS
Quítales las remesas a San Juan, a Baní, a El Seibo, y dime qué queda. Quítales la presión que hacen en el Congreso de EE.UU. cuando nos quieren poner aranceles, y dime quién nos defiende. Quítales los médicos que vienen en operativos cada año, y dime quién opera gratis.
«Los de afuera» son la provincia número 33. Y la más rentable. Tratarlos como extraños es darse un tiro en el pie.
CAMBIEMOS EL LIBRETO
Basta de “ven a invertir”. Preguntemos “qué necesitas para hacerlo desde allá”. Ventanilla única real. Diputaciones proporcionales a la población real en el exterior. Consulados que resuelvan, no que compliquen. Vuelos sin impuestos abusivos.
Porque el día que “los de afuera” decidan que ya no son de aquí, no habrá discurso que llene ese hueco. Ni económico, ni emocional.
Ellos no están afuera. Estamos nosotros adentro, negando que la casa es más grande de lo que dice el mapa. Y ya es hora de abrir todas las habitaciones.


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