Un día sin dominicanos en Puerto Rico paralizaría gran parte de la isla. Miles de colmados y cafeterías de barrio no suben la cortina. El pan, el café, el periódico no llegan a tiempo. En condominios y urbanizaciones, muchas familias no tienen quién cuide a sus hijos o a sus padres para poder salir a trabajar. La rutina se atrasa antes de empezar.
La economía se frena. Las construcciones, públicas y privadas, operan a medias. Faltan albañiles, carpinteros, varilleros, pintores. Los suplidores de viandas y vegetales no completan las entregas a supermercados. Brigadas de mantenimiento y ornato reportan ausencias masivas. Talleres y gomeras bajan productividad.
LOS SERVICIOS SE CAEN
Salones de belleza y barberías cierran. Bancas de lotería no abren. Disminuye el transporte público y de carga porque faltan choferes. El sector de cuido —niños, envejecientes, enfermos— queda descobijado. El delivery, los minimarkets, los carritos de comida: todos sienten el golpe.

No hay bachata en la guagua ni merengue en el colmado. Las ligas de softball de barrio suspenden juegos. Restaurantes de comida criolla cierran temprano o limitan menú. La vida cultural y social que ocurre en la esquina, esa que no sale en los periódicos, hoy no ocurre.
ES ECONOMÍA, NO FAVOR
La comunidad dominicana en Puerto Rico no está “de paso”. Está trabajando. Está emprendiendo. Está pagando IVU en cada compra, llenando planillas, generando empleo y sosteniendo sectores completos: construcción, agricultura, comercio al detal, belleza, cuido, transporte, gastronomía.
No es caridad. Es músculo económico. Y cuando ese músculo no se activa un día, la isla lo siente.
EL ESPEJO QUE NO QUIEREN MIRAR
A los boricuas le gusta el mangú, pero no siempre el acento. Bailan merengue, pero a veces con el chiste por delante. Usan la mano de obra, pero regatean el reconocimiento.
“Un día sin dominicanos” no es amenaza. Es un ejercicio. Es preguntarnos qué pasaría si borramos por 24 horas a la gente que todos los días construye, sirve, cocina, cuida y produce.
La conclusión es simple: si gran parte de Puerto Rico se paraliza sin el trabajo dominicano, entonces gran parte de Puerto Rico le debe respeto al trabajo dominicano.
Respeto en el salario. Respeto en el trato. Respeto en la escuela donde estudian sus hijos. Respeto en la fila, en el contrato, en la conversación. Sin apodos. Sin estereotipos. Sin miedo.
Porque este país se levanta todos los días con dos banderas. Y reconocerlo no quita nada: suma.


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LA MISMA NARRATIVA DE CHANTAJE HAITIANA ,PUERTO RICO SE PARA SI DEJA DE SER ESTADO ASOCIADO DE EE.UU.
NADIE ES INDISPENSABLE EN ESTE MUNDO USTED SE MUERE Y VIENEN 10 BUSCANDO SU PUESTO