En las carreteras de montañas, las tragedias no suelen ocurrir de repente, pues prácticamente se anuncian, se anticipan y lamentablemente también se ignoran.
La carretera San José de Ocoa – Cruce de Ocoa es hoy un ejemplo preocupante de esa realidad, ya que en menos de tres años se han registrado al menos dos deslizamientos de talud en un mismo tramo, separados por apenas unos 400 metros.
Tenemos dos eventos distintos, en momentos distintos, pero con una causa común que apunta hacia la pérdida de estabilidad del terreno, lo cual no es coincidencia. Es evidencia.
En el primer caso, ocurrido en agosto de 2023, el colapso estuvo asociado a la zona de descarga de una alcantarilla, donde el agua, lejos de ser controlada, terminó erosionando el pie del talud.
El resultado fue la socavación progresiva del soporte de la vía hasta provocar su colapso parcial y han pasado casi tres años, tiempo durante el cual no se ha ejecutado una solución estructural definitiva.

Hace apenas dos semanas, un nuevo deslizamiento se produce en un punto cercano, repitiéndose también la pérdida del soporte lateral, material arrastrado, calzada comprometida.
Cuando en una carretera un problema se repite en un mismo tramo, deja de ser un evento y pasa a ser un sistema de fallas.
A ello se debe agregar el hecho preocupante de que a lo largo de ese corredor vial, en numerosas tramos y desde hace mucho tiempo, han aparecido fisuras longitudinales en la superficie de rodadura.
Para el ojo no entrenado pueden parecer simples grietas, pero para un ingeniero es una señal inequívoca de que el terreno se está moviendo.
Estas fisuras hay que considerarlas como el preludio del deslizamiento, pues claramente indican que el suelo ha comenzado a deformarse, que la resistencia interna del terreno se está agotando y que el talud se acerca a una condición de falla.
En otras palabras lo que pretendemos advertir es que otros deslizamientos podrían volver a ocurrir y no en uno, sino en varios puntos.
Lo más alarmante es que estamos ante un proceso progresivo que cada temporada de lluvias va debilitando el sistema hasta que, inevitablemente, ocurra un colapso mayor. Las precipitaciones intensas actúan como detonante, pero no como causa raíz.
La carretera San José de Ocoa – Cruce de Ocoa está enviando señales claras en virtud de que dos deslizamientos en menos de tres años y fisuras en la calzada no son advertencias menores.
Son, sin rodeos, la crónica de un colapso anunciado. El terreno desde hace mucho tiempo está hablando y en la actualidad ignorarlo no será un error técnico, sino una irresponsabilidad.


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