A propósito de la rendición de cuentas del presidente Luis Abinader ante las cámaras legislativas, el pasado 27 de febrero, el comentarista Khalil Michel interpretó que los opositores se quedaron casi mudos, porque el primer mandatario “bajó muy duro con sus argumentos y respuestas”.
No ha sido así, en sentido literal, pues los líderes de la oposición hablaron. Y eso es malo. Hablar cuando se tiene algo que decir es pertinente, además de un derecho. Pero hablar porque hay que decir algo para contradecir o fuñir, es propio de necios, y expone a quien lo hace a mostrar su mezquindad.
El discurso del presidente Abinader ha sido aplaudido ampliamente y ponderado por personas y entidades que juzgan con mesura y comedimiento. Los líderes de la oposición desaprobaron la alocución y con sus opiniones reprobaron la prueba de la sensatez que debe suponérsele a gente de su estatura.
Hablaron sin que tuvieran nada que decir. Vomitaron amarguras y mostraron su borrosa visión de la realidad dominicana. No pueden admitir que el informe del Presidente anduviera conforme a los hechos. Dos mil 300 obras de infraestructura demuestran que, en cinco años, Abinader ha construido más que en veinte de otros gobernantes.
Por no saber callar, esos líderes políticos hablaron sandeces acerca del magnífico discurso presidencial. Sandeces es el plural de sandez, palabra sinónima de bobada, idiotez, tontería y, dicho en dominicano: plepla. Saber callar es muestra de sabiduría. Solo el necio habla, aunque no tenga nada que decir.
Los dirigentes de la oposición actúan por necesidad de notoriedad en el curso de una campaña electoral a destiempo. Están enfermos y no lo saben. Su mal no es solo la verborragia, sino algo peor, padecen aflicción profunda, un trastorno ocasionado por la lejanía del poder político y, en consecuencia, del erario.
La mayoría de los dominicanos vio esperanzador el discurso de Abinader, pero los dirigentes de la oposición lo vieron con el pesimismo propio de almas malsanas. Observadores políticos apreciaron que la rendición de cuentas revela una gestión eficiente, moderna y transparente, ellos lo encuentran todo oscuro.
Lo más cierto del caso es que para los lideres de la oposición debió ser preferible quedar mudos que hacer el ridículo. Aprender a callar es saludable, porque peor es hablar cosas inconsistentes y fétidas. Es dicho bien conocido que quien mucho habla, mucho yerra. Es lo que pasa con los líderes de la oposición. Ellos debieron enmudecer.
jpm-am


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