Con un nudo en la garganta —en el estómago, mejor dicho, en todo el cuerpo—, a Manuela, con apenas 14 años, le toca cuidar a sus tres hermanos y repetirles que no molesten a su madre, porque no se siente bien. Carmen Julia tiene 27 años y se retuerce de dolor en los huesos; el cáncer la está consumiendo. Llegó al hospital con un sangrado vaginal abundante. El diagnóstico fue cáncer de cuello uterino. Le indicaron morfina, pero ya agotó su seguro y no tiene cómo comprarla. Hasta para morir, en la República Dominicana, hay que tener suerte.
A pesar de ser el cáncer de cuello uterino uno de los cánceres más prevenibles del mundo, en nuestro país sigue siendo la segunda causa de cáncer en mujeres y el segundo más frecuente entre las de 15 a 44 años. Este cáncer no aparece de la nada: en la mayoría de los casos es consecuencia de una infección persistente por el Virus del Papiloma Humano (VPH).
La prevención debería ser la primera línea de defensa. Entre los factores de riesgo se encuentran el tipo de VPH, la presencia de otras infecciones de transmisión sexual, el embarazo a edad temprana, el tabaquismo y un sistema de defensas debilitado.
Está demostrado que el uso correcto del preservativo reduce el riesgo de infecciones de transmisión sexual, incluido el VPH. Aun así, el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MISPAS) se resiste a promoverlo de forma clara y sostenida dentro de sus políticas de educación y prevención. Demandar su uso sigue siendo, para sectores de poder, una afrenta.
Persisten múltiples barreras: falta de información, miedo, escasos recursos y deficiencias en los centros del Servicio Nacional de Salud, donde el Papanicolaou no se realiza o los resultados llegan tarde o nunca llegan. Las pruebas de VPH no se ofrecen en centros públicos. Como consecuencia, el cáncer se detecta en etapas avanzadas, los tratamientos son más costosos y la mortalidad es mayor.
Carmen Julia nunca supo la importancia del preservativo, de evitar el embarazo en la adolescencia ni de realizarse el Papanicolaou. En su imaginario no existe la prueba de VPH. A ella y a las 714 mujeres que mueren cada año por esta enfermedad, según estimaciones del MISPAS (2022–2023), les falló el sistema de salud. Les falló el Estado.
Mientras las autoridades proclaman “el progreso”, las mujeres siguen muriendo de enfermedades propias de países de bajos ingresos. El avance se anuncia en discursos; la ausencia del Estado se escribe en los cuerpos de mujeres que mueren por enfermedades prevenibles.

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