FITUR: la feria del despilfarro

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El AUTOR es abogado y político. Reside en Santo Domingo.

Cada año, la participación de la República Dominicana en la feria FITUR, en España, debería responder a una estrategia clara de promoción en escenarios internacionales, atracción de inversiones y fortalecimiento real del turismo como política de Estado.

Sin embargo, lo que se ha consolidado en la práctica es un modelo que resulta profundamente ineficiente, costoso, y por demás, escandaloso, por la forma como se lleva a cabo en RD, convirtiendo un evento internacional de tal magnitud en una simple vitrina de propaganda oficial financiada con recursos del pueblo.

Resulta difícil de justificar que más de 1,000 participantes dominicanos, entre funcionarios, periodistas y allegados al gobierno, se trasladen al extranjero, con fondos públicos, en su gran mayoría, para “promocionar” hacia nuestro país unas ofertas turísticas que ya conocemos.

Si hay actores cuya presencia podría justificarse plenamente en un evento como este, esos son los promotores de turismo y los empresarios turísticos dominicanos que acuden a vender el país, a promover su encanto, su belleza y sus oportunidades frente a mercados extranjeros. Ellos sí van a hacer negocios, a establecer contactos y a competir por atraer visitantes e inversiones.

Periodistas

Lo que no tiene ninguna justificación es la participación masiva de periodistas que no tienen relación alguna con el sector turismo, ni de funcionarios del gobierno cuyas funciones nada tienen que ver con la promoción turística, y que asisten únicamente para acompañar delegaciones oficiales o para hacerle propaganda a figuras con claras aspiraciones políticas.

A una feria internacional de turismo se asiste para atraer vacacionistas, turoperadores, inversionistas, promotores y comunicadores extranjeros, no para movilizar delegaciones nacionales sobredimensionadas que terminan tropezándose entre sí con los mismos promotores nuestros en el evento.

Lo más lógico sería concentrar los esfuerzos en lograr que esos actores internacionales asistan efectivamente a los stands, pabellones y casetas de la República Dominicana dentro de la propia feria, para que conozcan las ofertas, evalúen los productos y establezcan contactos reales de negocios.

Lo que no tiene sentido es que el grueso del gasto se destine a mover dominicanos a la Feria, mientras la promoción directa hacia los mercados internacionales, que son los que realmente importan, queda relegada a un segundo plano.

Y, como ocurre cada año, apenas concluye FITUR, los funcionarios y periodistas regresan al país con discursos cargados de triunfalismo y elogios. Se anuncian acuerdos, inversiones millonarias, miles de millones en compromisos y promesas extraordinarias de desarrollo.

Sin embargo, más allá de las notas de prensa y los titulares rimbombantes, nunca se presentan resultados tangibles, verificables y medibles que respalden estas afirmaciones.

No se conocen proyectos concretos iniciados como consecuencia directa de esas supuestas inversiones. Ni cronogramas claros, ni informes públicos que permitan evaluar cuánto de lo anunciado se materializó realmente.

Cuando las inversiones existen realmente, se reflejan en obras tangibles, empleos, encadenamientos productivos y desarrollo local. Lo que no se ve, sencillamente, no existe.

Las actuales autoridades suelen justificar estas prácticas alegando que “vienen de gobiernos anteriores”.

Sin embargo, ese argumento no se sostiene. Las malas prácticas no se heredan para repetirlas; se corrigen. Y si este es, como se autodefine, un “gobierno del cambio”, lo coherente habría sido ajustar, racionalizar y poner límites claros a este tipo de gastos.

Pero ocurrió exactamente lo contrario. Lejos de reducir la participación oficial en FITUR, este gobierno ha multiplicado por diez la cantidad de viajes y delegaciones.

Antes asistían funcionarios, sí, pero en números mucho más reducidos, casi diez veces menos que en la actualidad. En vez de corregir una práctica cuestionable, se decidió multiplicarla, profundizando el despilfarro y normalizando el uso excesivo de los recursos públicos.

Tampoco resulta creíble el argumento de que la asistencia masiva de periodistas y funcionarios es cubierta por “colaboradores privados”. Ese cuento no se lo cree nadie. Ninguna editora, ningún medio de comunicación ni ninguna empresa privada va a estar tirando el dinero para arriba enviando a funcionarios, acompañantes y periodistas sin relación con el turismo a una feria internacional, sin un retorno claro ni objetivo definido.

La realidad es que ese gasto termina saliendo, directa o indirectamente, de entidades públicas como el Ministerio de Turismo y el Banco de Reservas, instituciones que manejan fondos del Estado y que han sido utilizadas para despilfarrar recursos en eventos, viajes y montajes cuyo verdadero propósito no es promover el país, sino proyectar políticamente a un aspirante presidencial.

La masificación de delegaciones, la sobreexposición mediática, los actos, las fotos, los anuncios grandilocuentes promovidos en nuestro país, así como las cifras infladas, no responden a una estrategia institucional del Estado, sino a la construcción deliberada de una narrativa política alrededor de una figura en particular con claras aspiraciones para el 2028.

El turismo, que debería gestionarse con criterios técnicos, austeridad y resultados medibles, ha sido instrumentalizado como vitrina política. Se utilizan recursos públicos para fortalecer una imagen personal, generar simpatías, consolidar apoyos mediáticos y proyectar liderazgo, todo bajo el disfraz de promoción internacional del turismo.

Esa es la verdadera razón por la cual, en lugar de corregir excesos del pasado, este gobierno los multiplicó por diez, porque el objetivo no es eficiencia ni institucionalidad, sino visibilidad política.

La ausencia de criterios transparentes para determinar quiénes asisten a estos eventos, la falta de rendición de cuentas y la inexistencia de evaluaciones de impacto confirman que el problema no es FITUR en sí, sino la forma displicente e irresponsable en que el Estado ha manejado su participación.

FITUR no puede seguir siendo para la República Dominicana el símbolo del turismo del despilfarro, de los viajes oficiales sin control y de la propaganda sin resultados.

La República Dominicana necesita una política de promoción turística seria, basada en planificación, austeridad, transparencia y beneficios reales para el país, no en delegaciones masivas ni en ambiciones políticas personales financiadas con el dinero del pueblo.

Cada peso que se gasta proviene del esfuerzo de los ciudadanos. Utilizarlo para allanar proyectos políticos individuales no es prudente, no es modernización y no es cambio. Es abuso, improvisación y una peligrosa institucionalización del derroche público.

jpm-am

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WILLIAM
WILLIAM
38 minutos hace

EL CAMBIO LLEGO’…

butifar co
butifar co
1 hora hace

De acuerdo con los inteligentes comentarios de Luis M, el gobierno de turno (con despilfarros) se sigue burlando de nosotros sin conseguir verdaderamente nada.

Luis M
Luis M
2 horas hace

La sobreexposición mediática, los anuncios inflados y la masificación de delegaciones no responden a una estrategia turística, sino a la construcción deliberada de una narrativa de liderazgo con fines electorales.

Luis M
Luis M
2 horas hace

Cuando periodistas sin vínculo con el sector turismo viajan masivamente con fondos públicos a eventos internacionales, se erosiona la credibilidad de la cobertura posterior y se difumina la frontera entre información y promoción.

Luis M
Luis M
2 horas hace

Mientras el ciudadano común financia carreteras, acueductos, líneas eléctricas y promoción internacional, los grandes beneficiarios del turismo disfrutan exenciones fiscales, repatriación de utilidades y ausencia de contrapartidas obligatorias.

Luis M
Luis M
2 horas hace

FITUR no es un exceso aislado, es la expresión visible de un Estado que ha normalizado el uso de recursos públicos para viabilizar negocios privados y proyectos políticos sin retorno territorial ni rendición de cuentas.