Los “alumnos” y colaboradores más cercanos del profesor Juan Bosch lo traicionaron vil y cobardemente convirtiendo el Partido de la Liberación Dominicana en un instrumento de enriquecimiento personal y grupal a expensa de la pobreza y abandono del pueblo.
Ay, don Juan, si vieras tu obra maestra, tu escuela política, si vieras en lo que son hoy tus muchachos ya viejos. Ay don Juan, qué lástima, que vergüenza. Ay, ay, ay don Juan, cuánta podredumbre, cuánta falta de respeto a tu memoria. Tú que aseguraste que ningún miembro del PLD se enriquecería con el dinero del pueblo, tú que dijiste muchas veces que tan pronto tu partido llegara al gobierno haría una revolución, que resolvería los problemas fundamentales, tú que pediste tres meses para la solución de la crisis energética.
Ay don Juan, si pudieras resucitar como Lázaro solo para ver; ay don Juan si pudieras, estoy seguro que te morirías de nuevo, pero de rabia, de indignación y coraje.
A juzgar por los resultados, fuiste un pésimo maestro. No sé cómo te llamaron profesor durante tantos años si tus alumnos se quemaron en historia, ciencia social, moral y cívica, entre otras materias básicas.
Ay donde Juan, si vieras lo que está haciendo Danilo Medina con la Constitución, si vieras como ha convertido el Congreso en un mercado de purgas comprando diputados y senadores, ay don Juan… (Y eso, querido maestro, que no viste lo que hizo Leonel Fernández, a quién tanto querías…)
Y tú, José Francisco Peña Gómez, que heredaste lo más sano y noble de la política y del Partido Revolucionario Dominicano tras la partida de don Juan, tu maestro; tú que fuiste un “astro con luz propia”, el más “grande líder de masas” de la historia, combatiente, abnegado y resuelto, que te sacrificaste por el país y por el pueblo, si vieras lo que han hecho con tu PRD un tal Miguel Vergas junto con tu viuda, tus hijos, algunos de tus amigos.
Pobre Peña, si vivieras muchas cosas no las habría permitido. Cuanta falta hace tu liderazgo ético y moral. Tú poderosa voz, como un trueno, se levantaría como un huracán furioso para oponerte a la dictadura de partido de los hijos bastardos de Juan Bosch; te opondrías con igual fuerza a la corrupción, compra de conciencia, el despotismo y los abusos contra el infeliz pueblo dominicano.
A los mercaderes que han vendido el PRD, que lo han destruido, tu látigo implacable los habría azotado con furia incandescente. Pobre Peña, tus hijos, tu viuda. Qué horror, que vergüenza. ¿Quién te lo iba a decir? Tú, pobre Peña, al igual que don Juan, si resucitaras, te morirías de nuevo, no de cáncer, ni del odio esparcido sobre ti por tus enemigos más acérrimos, sino de pena y vergüenza.
Te preguntarás, como lo hacemos mucho, ¿de qué habrá servido tanto sacrificio, tanta sangre derramada, tanto luto por el que “lloraron las viejas campanas? ¿De qué sirvió la Revolución de Abril, la guerrilla de Manolo, la expedición de Francis Caamaño, por la libertad, la justicia y la democracia del pueblo dominicano, si los muchachos de don Juan y los compañeros tuyos, incluyendo a buena parte de tu familia, lo olvidaron para hacer del país una letrina donde defecan impunemente los corruptos, narcotraficantes y asesinos?
Ay don Juan…
Pobre Peña…


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