POR ALEJANDRO SANTOS
Qué largo y costoso ha sido el drama eléctrico para nuestro país. Cuántos negocios ocultos se esconden detrás de sus ineficiencias, y qué terrible ha sido la falta de voluntad para romper con las maquinaciones de los actores del sector eléctrico y de sus representantes en los propios organismos reguladores del Estado.
El sector eléctrico dominicano, a la vista de todos, se comporta como una superestructura intocable y poderosa que controla, a su libre albedrío, la producción y distribución de la energía.
Aunque la generación es diversa —proveniente de distintas fuentes— y su propiedad es mixta, una parte privada y otra del gobierno, los resultados que se ofrecen a la población están cargados de incertidumbre e incapaces de garantizar una solución sostenida en el tiempo.
De ahí que vivamos en un estado de zozobra permanente: por un lado, con los elevados costos de facturación que debe asumir la población; por otro, con el resurgimiento de los apagones.

El gobierno de Abinader ha ofrecido explicaciones sobre las causas de esta crisis. Se culpa a la salida parcial y temporal de la planta Punta Catalina, a una avería en la terminal de AES, al aumento de la demanda, y a las pérdidas y fraudes que rondan el 40%.
Las preguntas, sin embargo, permanecen sin respuestas creíbles. El problema eléctrico se ha convertido en un cáncer que se perpetúa en todos los gobiernos.
Miles de millones de dólares en subsidios se esfuman sin rubor, mientras el sector eléctrico se mantiene intocable, respaldado por connotados defensores en las esferas oficiales y por figuras de los medios de comunicación, que con su silencio sostienen esta estructura cancerígena.
Con la propuesta de cambio del presidente Abinader, la población renovó sus esperanzas en la aplicación de medidas más firmes para transformar el paradigma eléctrico.
Sin embargo, se ha repetido el mismo error de gobiernos anteriores: colocar a figuras del sector privado, con intereses directos en la industria, al frente de los organismos públicos relacionados con la electricidad.
Se trata de una incongruencia grave, pues ningún sector está dispuesto a tomar decisiones en contra de sus propios intereses.
Mientras tanto, los pueblos se manifiestan hastiados mediante protestas, enviando un mensaje claro y contundente: basta ya de tanto sinsentido, basta ya de que la electricidad y los apagones sigan siendo el cuento de nunca acabar.
jpm-am


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EN REP DOM,SE HAS **** UNA CULTURA,DE QUE LA ELECTRICIDA ES DEL ESTADO Y SE SIENTEN CON EL DERECHO DE ROBARSELA,PUES ES DEL PUEBLO.YO RECUERDO EN LOS ANIOS 70 YO TRABAJABA COMO ELECTRICISTA,HICE LA INSTALACION ELECTRICA EN UNA CASA DE UN MILLONARIO,Y LA CASA SE LE INSTALO UN AIRE ACONDICIONADO CENTRAL DE 5 TONELADA.Y SE ME OEDENO INSTALAR UN GANCHO,PATA CONECTAR DOS LINEAS MONOFASICAS DE 220 VOLTIOS.PARA QUE EL AIRE ACONDICIONADO
LA ELECTRICIDAD NO FUERA MEDIDA POR EL CONTADOR.LO QUE QUIRE DECIR QUE LOS MILLONARIOS TAMBIEN SE ROBAN LA ENERGIA ELECTRICA Y NO LE PASA NADA.
Muy cierto ese ha sido un problema sin fin.