La discoteca Jet Set, como lugar tradicional de diversión y espacio festivo, termina su ciclo y las circunstancias llevan, sin que estuviera en planes, a cerrar sus puertas con balante muy trágico y penoso.
Por prudencia y respeto a los que perdieron la vida bajo el techo despoblado, como actividad económica y razón social deberá tomarse su tiempo para –atenuados un poco los traumáticos efectos de la gran tragedia que enlutó al país- resurgir, cambiando de nombre y de ubicación.
Como son las cosas, porque, sin pensar estar en agenda, es posible que el Museo del Merengue y la Bachata, que organiza el cantautor y exministro de Cultura Jose Antonio Rodríguez con miras a abrir sus puertas en unos dos meses en la Zona Colonial, pase a ser un oportuno reemplazo del establecimiento colapsado.

Y, ya retirados los escombros y alejado el fantasma de la muerte que sorprendió a tantos parroquianos mientras disfrutaban de una noche de merengues, en el lugar de la tragedia que enlutó el arte, el deporte y a tantas familias, solo procede y cabe que, como sugiriera el artista Rafa Rosario, se levante allí un monumento en honor y memoria de todos los caídos.
El presidente Abinader declaró seis días de suelo nacional, pero el arte y el país estarán de luto por mucho tiempo, mientras quede en la memoria de un doliente directo o dominicano sensato el recuerdo lamentable de lo que vino a ser la tragedia del siglo en esta tierra. Y pensar que todo fue, como dijera el hermano del malogrado artista Rubby Pérez al despedir su cuerpo inerte en el cementerio, porque: «aquí no hay instituciones fuertes, aquí no hay quien regule, aquí no hay quien vele” ….
Supervisión
Ahora, tras el desastre y la enorme tragedia, quizá se actúe o se “amague” con regular, controlar y supervisar las construcciones, sean públicas o privadas, pero – seguro- terminaría siendo por un tiempo, no como práctica o política oficial resuelta e inmancable.
Y pensar que, se fuera creyente o no, la lamentable ocurrencia con la pérdida de tantas vidas humanas pudo evitarse, porque hubo señales y avisos varios que sólo lentos o retraídos no vieron ni advirtieron, incluso cuando en plena actuación del artista se veía caer del techo, finalmente desplomado, algunos desprendimientos.
Testigo –y lo dijo- fue Sergio Vargas, quien al final de una actuación en el lugar vio barrer partículas blancas, por las que preguntó y le dijeron que caían del techo. Eran avisos.
jpm-am


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