Sin lugar a dudas que el tema de la corrupción administrativa en el discurso político dominicano históricamente se ha consolidado como una de las principales herramientas para desacreditar y hacer saltar del poder a distintos presidentes y organizaciones políticas.
Este tema, desde hace alrededor de seis décadas gravita como un fantasma en el escenario político nacional, con una fuerza, eficacia y penetración que se le hace difícil a quien se le enviste salir airoso de el.
Un breve repaso por la historia política contemporánea dominicana (1966-2020) sobre los gobiernos transcurridos durante ese periodo de tiempo así lo establecen Veamos.
Durante los 12 años de gobierno de Joaquín Balaguer en la República Dominicana, que abarcaron desde 1966 hasta 1978, se registraron numerosos casos de corrupción que involucraron a varios funcionarios de su administración.
Se denunciaron irregularidades en la asignación de contratos de obras públicas, donde muchos funcionarios se beneficiaron personalmente a través de sobornos y comisiones ilegales. Las obras, a menudo sobrevaluadas, se convirtieron en un medio para enriquecer a un círculo cercano al presidente.
Sin embargo, el descontento social creció, y la corrupción se convirtió en un tema central en las elecciones posteriores, contribuyendo a la eventual pérdida de apoyo al balaguerismo.
Durante los gobiernos del Partido Revolucionario Dominicano, de 1978 a 1982 y de 1982 a 1986, el PLD, entonces liderado por Juan Bosch, publicó dos ediciones especiales de su periódico semanal Vanguardia del Pueblo, a la que tituló “Album de la corrupción”. Las denuncias mostraban el nivel de vida de los funcionarios perredeístas antes y después de llegar al gobierno, las casas que se habían comprado, los vehículos y otros bienes.
En los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) varios de sus altos dirigentes han sido denunciados o sometidos a la justicia acusados de delitos que atentan contra el Estado dominicano, siendo señalados como presuntos traficantes de influencias e enriquecimiento ilícito.
De manera que, aunque la corrupción gubernamental y la impunidad siempre han estado presentes en los procesos electorales, como arma política de los partidos de oposición, sería interesante preguntar a los actuales partidos de oposición si en la actual coyuntura estarían dispuestos a tomar el tema de cara a la próxima contienda electoral.
quezada. alberto218@gmail.com
jpm-am


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