Mucho del apoyo que ciudadanos ofrecen al pelotero Wander Franco proviene de la justa percepción del desfase existente entre la edad para sostener relaciones sexualmente consentidas para una menor en la República Dominicana y la realidad que se instituye.
Esos dominicanos al observar el comportamiento de un número apreciable de menores de edad, la tolerancia familiar y el entorno las consideran con suficiente capacidad como para bajo ciertas condiciones sostener relaciones sexuales consentidas.
En definitiva, da la impresión de que la sociedad supera las leyes existentes en ese sentido y que las disposiciones se han quedado rezagadas, tal como otras leyes que han venido siendo revisadas.
Una publicación de UNICEF indica que la mayoría de los países de la región han establecido la edad mínima de consentimiento sexual entre los 14 y 16 años y que algunos tienen una edad menor de 14 años o mayores de 16, en otros casos.
En México, por ejemplo, el 27% de los códigos penales de las entidades federativas fijan esta edad en 12 años; 3% en 13 años; 46% en 14 años; 21% en 15 años; y 3% en 16 años, según consta en una publicación de una entidad que estudia el tema.

La misma UNICEF proclama que “se debe respetar la autonomía progresiva del niño/niña y no se debe ajustar demasiado alto”, la edad de consentimiento sexual.
“También se debe tener en cuenta la diferencia de edad entre las parejas involucradas, como un indicio del equilibrio del poder en la pareja”, señala la entidad. En el caso de Wander Franco apenas tenía algo más de 20 años cuando sostuvo relaciones con la menor.
Otra cosa a tomar en consideración es, contrario a lo que citan críticos de la más reciente sentencia, es el manejo de la mayoría de estas situaciones de relaciones de menores con adultos, donde no hay seguimiento. Es decir que la fama y el dinero de Franco más que un elemento a su favor ha sido en contra pues si este hubiera sido un desconocido todo habría transcurrido sin mayores consecuencias y trascendencia.
La visión de los jueces ha sido correcta, observando las atenuantes existentes, e incluso pudieron ir más lejos descargando a Franco, quien en realidad ha sido otra víctima en todo esto pues más que ser un depredador sexual mantuvo una relación estable e incluso accedió a demandas económicas para estar al lado de la menor que le atraía y que no veía como un simple objeto sexual.
Su vínculo fue tal que puso en peligro su ascendente carrera beisbolística y no escatimó esfuerzos para estar con la persona de la que parecía estar enamorado.
El comportamiento exhibidopor la menor es el clásico de una persona con suficiente madurez para permitir una relación consentida que las leyes dominicanas le niegan por no estar acordes con la realidad.
De modo que Franco merece más la comprensión ciudadana, que ya la tiene, que las ácidas criticas de algunos forjadores de opinión pública que no alcanzan a comprender un caso con diferentes aristas que finalmente favorecen al talentoso beisbolista nacido en Baní.
jpm-am


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