Me apena no poder comentar hoy el discurso del presidente Abinader porque escribo antes de que lo diga.
Extrañamente, casi nadie ha criticado el escenario escogido para lo que se estila como rendición de cuentas ante el Congreso en la fecha de la independencia, el 27 de febrero, aunque ahora es porque cumple su primer año.

Creo muy equivocado montar en la escalinata del Palacio Nacional una costosa escenografía digna de alguna producción para farándula, como fueron sus teatrales diálogos con público seleccionado al inicio de su gobierno.
Esa millonada merecía destinarse a necesarias obras, sin que sufra desmedro ni efecto el discurso, que sólo requiere un podio o balcón y un orador capaz con algo que decir.
Luis ha mejorado muchísimo al discursear, casi eliminando su maña de negar cabeceando lo que afirma hablando.
El presidente dice sus mensajes agradable y empáticamente sin requerir tan elaborada súper producción.
El tradicional estilo sobrio de los mensajes presidenciales no debió cambiarse por este que, aparte de constituir un despilfarro, quizás privilegie envase sobre contenido.
JPM


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