Santo Domingo. Rep. Dom. - 22 de Agosto 2014
Opinión
1 Marzo 2013, 08:58 PM, 0 Comentarios
El Corredor de los Depredadores
Por ROBERTO FULCAR

Como en la historia, en toda la geografía de la República Dominicana, hachas al hombro, ha transitado palmo a palmo y sin receso, sobre la piel de la patria, sus riquezas y sus bellezas, una especie de asociación del mal que,  sin reparos ni escrúpulos, descuartiza cuanto a su paso encuentra. Actúan cual carnicero voraz que, terminada la masa, intenta convertir en personal beneficio hasta los huesos de su presa, que no es menos que el mapa completo de la media isla.

Por los cinco cacicazgos, bajo todos los coloniajes, en la tiranía y en la denominada democracia -tal vez así llamada por las infinitas libertades e impunidades que garantiza a los depredadores-, el país ha sido convertido en especie de “pasto para tiburones” (tomando prestado el título a una novela de vaqueros), servido en bandejas de oro, de níquel, de sal, de playas, de montañas, de ríos o de microclimas por gobernantes y políticos genuflexos, cuando no cómplices.

Porque cómplices les sobran a los depredadores, dado su ilimitado “don de convencimiento” que acalla discursos, transforma visiones, borra compromisos, levanta manos resistidas, toca teclas negadas, abre encumbradas puertas  y hasta pare de la nada, como mago prodigioso, justificaciones y argumentos que a cualquiera hacen llorar. Si alguien requiere de evidencias, que vaya a las salas capitulares de los ayuntamientos, a las oficinas y los bloques del congreso nacional, a determinados bufetes jurídicos, a los restaurantes más prestantes  y hasta las oficinas palaciegas.

Del río Nizao a Los Haitises, de Los Haitises a Cotuí, de Cotuí a Loma Miranda, de Loma Miranda a la Bahía de las Aguilas, para sólo mostrar los botones más recientes, el corazón de la patria es surcado por el funesto corredor de la depredación medioambiental, autopista de individualistas y negociantes insaciables, que no han depositado en sus personales cuentas bancarias el nombre de la República, el escudo y la bandera, porque para ellos no tienen ningún valor esas “cosas” que no compran bienes ni servicios, ni votos clientelares, ni placeres ni impunidades.

Para ellos todo es igual, el erario público o las fuentes acuíferas, los presupuestos o la flora, las montañas o las instituciones, los yacimientos mineros o la fauna, las leyes o las dunas; todo es fuente para ilegítima y amoral acumulación de las riquezas que habrán de graduarlos como “personas de éxito” que hasta recibirán reconocimientos públicos de beneficiarios y adulones.

…y al preguntarse uno cuánto falta para que, ya engullidos todos los “huevos de oro”, se coman también el vientre y luego la cabeza de la pobre “gallina”, sólo queda aferrarse a la fuerza del compromiso y la coherencia, esperanzarse en el empoderamiento ciudadano y la movilización social, para hacer que un día respire esta a la que Pablo Neruda, en su poema Versainograma a Santo Domingo,  denominó “patria de tormentos”. 

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