Vendamos las reservas de tierras raras y paguemos la deuda externa

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El autor es compositor y dirigente comunitario. Reside en San Cristóbal.

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La República Dominicana podría estar sentada sobre una de las riquezas minerales más estratégicas del siglo XXI. Las llamadas “tierras raras”, descubiertas en importantes cantidades en la región de Pedernales, podrían transformar para siempre la economía nacional si son manejadas con inteligencia, visión patriótica y transparencia absoluta.

Mientras muchas naciones viven endeudadas hasta el cuello, pagando miles de millones de dólares en intereses y sacrificando parte de su soberanía económica ante organismos financieros internacionales, la República Dominicana podría tener en sus manos una oportunidad histórica: utilizar parte del valor de sus reservas de tierras raras para reducir o incluso eliminar gran parte de la deuda externa.

La pregunta es simple:  ¿Tiene sentido seguir hipotecando el futuro de generaciones enteras mientras debajo de nuestra tierra existe una riqueza capaz de cambiar el destino económico nacional?

Las tierras raras no son simples minerales comunes. Son componentes fundamentales para la fabricación de vehículos eléctricos, inteligencia artificial, baterías de alta capacidad, teléfonos inteligentes, paneles solares, sistemas de defensa militar, satélites, turbinas eólicas y tecnología avanzada utilizada por las grandes potencias mundiales.

En otras palabras: quien controle las tierras raras, controlará parte importante de la economía tecnológica global del futuro.

Diversas informaciones oficiales y técnicas han señalado que en República Dominicana podrían existir reservas valoradas potencialmente en cientos de miles de millones de dólares. Aunque todavía faltan certificaciones internacionales definitivas que determinen el verdadero valor explotable de los yacimientos, el simple hecho de poseer depósitos estratégicos ya convierte al país en un actor geopolítico de importancia.

Pero aquí surge el gran debate nacional:
¿Debe el país explotar directamente esos recursos?
¿Debe asociarse con potencias extranjeras?
¿Debe concesionar parte de las reservas?
¿O debe crear un fondo soberano nacional que garantice beneficios para varias generaciones?

La historia latinoamericana está llena de ejemplos dolorosos de naciones que entregaron sus riquezas naturales a intereses extranjeros y terminaron más pobres que antes. Por eso este tema debe manejarse con máxima prudencia y sentido patriótico.

Sin embargo, también sería irresponsable ignorar una oportunidad capaz de disminuir la pesada carga de la deuda pública dominicana.

Cada año el Estado dominicano destina miles de millones de pesos al pago de intereses de deuda. Dinero que podría invertirse en:
– educación,
– salud,
– seguridad ciudadana,
– infraestructura,
– agua potable,
– tecnología,
– agricultura,
– vivienda,
– y mejores salarios.

Pagar o reducir significativamente la deuda externa utilizando parte del valor estratégico de las tierras raras podría representar una liberación financiera histórica para la nación.

Pero esto jamás debe convertirse en una “venta desesperada” ni en una subasta improvisada de recursos nacionales.

Las tierras raras dominicanas deben administrarse bajo un modelo de Estado moderno, transparente y estratégico. Con supervisión internacional, auditorías permanentes y participación nacional real.

La corrupción sería el mayor enemigo de esta oportunidad histórica.

El país necesita un gran pacto nacional alrededor de este tema. Un debate serio donde participen:
– economistas,
– geólogos,
– ambientalistas,
– universidades,
– empresarios,
– sectores comunitarios,
– y el liderazgo político nacional.

Porque lo que está en juego no es solamente minería.

Lo que está en juego es la posibilidad de redefinir el futuro económico de la República Dominicana.

Tal vez las futuras generaciones recuerden este momento como el día en que el país decidió convertir sus riquezas enterradas en libertad financiera y desarrollo nacional.

O quizás como otra oportunidad perdida.

La historia todavía no ha sido escrita.

of-am

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