Estoy convencida cada vez más, de que nada ocurre por casualidad y todo cuanto vivimos, tiene alguna enseñanza o de ello debemos obtener algún aprendizaje. Siempre he creído, que: “Dios escribe derecho en líneas torcidas”; y hoy no fue la excepción.
Este 2015 nos invita trabajar la parte espiritual, disfrutar ambientes y temas que nos sitúen en ese camino.
Lo descrito, surge a propósito de que recientemente con amistades nuevas y hoy en grupo de discusión, analizábamos ¿cómo podemos obtener felicidad?, y de paso identificar su némesis, con la finalidad de nunca abrazarla, porque sabemos que representa: enfermedad, daños emocionales y desgracia; me refiero a la envidia.
Y hoy la profesora Carmen Severino, moderadora de un grupo de discusión, nos llevó de viaje, en el que conocimos a Bertrand Russell, filósofo analítico, que nos definió la envidia como una pasión humana profunda, que hace de quien la padece un ser ladrón de vidas ajenas; incapaz de disfrutar lo que posee, porque desea lo que otro tiene.
Lo develado, no inspiro que ella sea acuñada por el grupo. Y continuó Russell, escritor británico, Premio Nobel de Literatura en 1950: “Las personas envidiosas nunca encuentran respuestas a sus inquietudes. Es infeliz, porque viven una pasión dañina, fatal para la excelencia”.
El escritor nos ofreció un discurso indudable: “La envidia es el factor más importante de la desgracia humana; existe en cualquier edad y un brazo ejecutor es el celo…quien envidia quiere hacer, hace daño y lo hace siempre que puede con impunidad. Y en vez de gozar lo que tiene, sufre lo que tienen los demás y cada vez que puede priva a todos de sus beneficios”.¡Que tóxica!.
Afortunadamente existe la admiración, ella desempolva sólo bondad; es legítima, robusta y nos proyecta a la perfección. Abracémosla!
Te invito a que emprendamos juntos una expedición donde cultivemos nobleza; calma, entereza; alimentemos el alma, la inteligencia; vivamos con entusiasmo, optimismo y conciencia.
Hagamos la “extraña receta”, que ofreció al citado grupo, la profesora Severino; donde además de los ingredientes enumerados, se combina amor, sapiencia, energía, fe, paz. También, empatía, justeza, pericia, y se exhibe paciencia, para alcanzar excelencia, pero sobre todo, para nunca anidar en nuestro ser, envidia. Transitemos ese camino!
Sé que recordamos al gran Rubén Darío, cuando dijo: la envidia nunca sonríe, porque pálida y enferma, traga su propia bilis.
Ella vive en su desazón; su amargura. Evitémosla!. Es nuestro derecho ser felices y vivir en la paz deseada.


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