POR EZEQUIEL CUEVAS
En la República Dominicana, una parte importante de la población observa con preocupación cómo algunos políticos, policías y delincuentes convergen en prácticas que lesionan la confianza pública. Los políticos son frecuentemente acusados de prometer cambios, transparencia y bienestar durante las campañas electorales, para luego olvidar sus compromisos una vez alcanzan el poder.
Esta conducta ha generado la percepción de que la política ha dejado de ser un instrumento de servicio público para convertirse, en muchos casos, en una vía de ascenso económico y social para quienes logran controlar los recursos del Estado.
La Policía, por su parte, enfrenta una crisis de credibilidad derivada de numerosos casos de corrupción, abusos de autoridad, extorsiones, uso excesivo de la fuerza y vínculos con actividades ilícitas protagonizados por algunos de sus miembros. Cuando quienes tienen el deber de hacer cumplir la ley son señalados por violarla, la ciudadanía percibe una contradicción que debilita el respeto a las instituciones y fortalece el sentimiento de impunidad.

Los delincuentes representan la expresión más visible de la criminalidad, pues recurren al robo, la estafa, el narcotráfico, la violencia y otras actividades ilícitas para obtener beneficios personales. Sus acciones afectan directamente a las víctimas y generan inseguridad en las comunidades. Sin embargo, para muchos ciudadanos la diferencia entre el delincuente común y el delincuente de cuello blanco radica únicamente en los medios utilizados, no necesariamente en la finalidad de obtener ventajas indebidas.
La comparación crítica entre estos tres sectores surge porque, en la percepción popular, los políticos deshonestos utilizan el poder para enriquecerse, los policías corruptos utilizan la autoridad para abusar de los ciudadanos y los delincuentes emplean la fuerza o el engaño para apropiarse de lo ajeno. En los tres casos aparece un denominador común: la utilización de una posición, una oportunidad o una ventaja para obtener beneficios personales en perjuicio de la sociedad y del interés colectivo.
No obstante, una sociedad justa debe reconocer que estas críticas no pueden extenderse indiscriminadamente a todas las personas que integran dichos sectores. Existen políticos honestos, policías comprometidos con la ley y ciudadanos que trabajan diariamente por el bienestar del país.
El verdadero desafío de la República Dominicana consiste en fortalecer las instituciones, combatir la corrupción y la impunidad, y garantizar que quienes traicionen la confianza pública respondan ante la ley, sin importar el cargo, uniforme o condición que ostenten.
jpm-am


Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
FP exige transparencia en los recursos destinados MOTOBEN
La cultura como raíz y futuro de la nación
Gobierno dominicano proyecta estadio con estándares de GL
DIGESETT en 29 aniversario con avances en seguridad vial RD
TNR bonifica a 22 productores para sistemas de riego y energía solar
Una fecha, dos carreras y tres claves
Escogido apuesta por talento de Elián Peña tras Draft de LIDOM
Gradúan a 65 periodistas en comunicación estratégica salud
Coraasan interviene 50 vías con operativo de colocación tapas
PRM ordena la casa mientras el PLD se juega la unidad (OPINION)


