Una de las características que definen la personalidad del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es su sinceridad a la hora de expresar públicamente lo que piensa sin miedo a las reacciones adversas que genera con frecuencia.
Esta sinceridad le llevó a afirmar, sin el menor sonrojo ni prurito, que su país se quedaría con el petróleo de Venezuela, porque, según su muy trumpista razonamiento, los venezolanos “nos robaron nuestro petróleo”.
Primero montaron la narrativa de la lucha contra el narcotráfico, la operación “Lanza azul” mediante la cual han sido asesinados cientos de presuntos traficantes de drogas, y finalmente, para apuntalar lo dicho por el mandatario, atacó militarmente a Venezuela, secuestró a su presidente y luego alcanzó un acuerdo petrolero “con los remanentes gobernantes” del chavismo. Ni mandado a fabricar a la medida.
Es decir, sus palabras se corresponden con los hechos posteriores alcanzados a sangre y fuego en Caracas y otras ciudades venezolanas la madrugada del 3 de enero de 2026. Pura coherente operativa.

Ahora, de cara a las elecciones de noviembre, el presidente no se guarda las formas, y anuncia que dará US$5,000 a los electores que apoyen a los candidatos republicanos al Congreso.
Una promesa típica del populismo tercermundista que el establecimiento estadounidense critica con tanta vehemencia y reclama que las elecciones en estos “países de mierda” (…) sen “justas, transparentes y competitivas”, donde las reglas de juego corran parejas para todos los contendientes.
El “populismo made in USA” tiene el mismo efecto que las compras de votos en Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú o en nuestro país, donde los observadores electorales de la Organización de los Estados Americanos—inclusive representantes de los propios Estados Unidos—, documentan esta malicia competitiva como una aberración que daña la democracia.
¿Cómo lograría el presidente Trump viabilizar esta compra masiva de la voluntad de los electores en noviembre? Este ha sido el foco de las reacciones, no la extravagancia de dominar la voluntad popular mediante mecanismos antidemocráticos.
Esta forma de actuación electoral y la manera relajada como los demócratas y los republicanos adversos a Trump han tomado la promesa del mandatario, es lo que muchos analistas advierten le está dejando cada vez menos argumentos a los líderes estadounidenses para criticar las travesuras de mañosos electorales al estilo, por ejemplo, del ecuatoriano Daniel Noboa.

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Pretender enrostrar está calamidad a todo el sistema político norteamericano es la táctica de los que, como usted, han apoyado a Trump, al darse cuenta que este tipo hace daño no solo a Estados Unidos, sino a todo el mundo.
A TRUMP DEBEN DESTITUIRLO CUANTO ANTES, DESDE QUE PASEN LAS ELECCCIONES DE NOVIEMBRE PORQUE SINO ESTE PEDOFILO LOCO VA A JODER EL PLANETA , VA A ROMPER CON EL EQUILIBRIO GLOBAL Y ESO SOLO DESTITUYENDOLO MEDIANTE LA ENMIENDA .