Las sociedades no se derrumban de un día para otro. Primero se degrada el lenguaje; después se empobrece el pensamiento y, finalmente, la vulgaridad termina ocupando el lugar de la inteligencia.
Ese proceso ocurre sin estruendo, disfrazado de entretenimiento y vendido como libertad. Cuando el tigueraje sustituye al argumento y el insulto desplaza a la razón, la opinión pública deja de ser un instrumento de la democracia para convertirse en un mercado donde triunfan el ruido, la ignorancia y la frivolidad.
No es casualidad. La industria del espectáculo descubrió hace tiempo que el pensamiento no siempre genera clics, mientras que la estridencia produce ganancias inmediatas. Así, el comentarista fue reemplazado por el provocador; el analista, por el improvisador; y el periodista, demasiadas veces, por el animador del escándalo.
El resultado es una opinión pública intoxicada. Se discute poco y se vocifera mucho.
Insolencia y tigueraje
La evidencia perdió terreno frente a la ocurrencia. La razón fue expulsada por la emoción instantánea. La mentira circula con más rapidez que la verdad, y la mediocridad se ha instalado con una insolencia que ya ni siquiera intenta disimular.
Lo más peligroso es que esta degradación ha comenzado a verse como algo normal. Se celebra la insolencia como valentía, la chabacanería como sinceridad y la ineptitud como si fuera una virtud popular.
Es la consagración del antiintelectualismo: pensar demasiado parece sospechoso, mientras la ignorancia militante recibe micrófonos, cámaras y ovaciones.
Entretanto, el mundo discute innovación, inteligencia artificial, productividad y educación. Nosotros seguimos atrapados en el campeonato nacional del exabrupto. Competimos por el mejor insulto mientras otros compiten por el conocimiento.
Una democracia no muere únicamente cuando se cierran periódicos o se censura la prensa. También agoniza cuando la conversación pública es secuestrada por la vulgaridad y el talento cede el paso al espectáculo. Entonces la opinión deja de iluminar y comienza a embrutecer.
El verdadero peligro no es que existan voces vulgares. El peligro es que terminemos creyendo que representan la voz del país. Porque cuando el tigueraje ocupa el lugar de las ideas, ya no estamos frente a una crisis de los medios. Estamos frente a una crisis de la sociedad.
JPM


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El Cambalache en la media isla, arribó hace ya muchas décadas,el yate que se llevó los restos de Trujillo,lo trajo en su viaje de regreso.
Sin contravenir los puntos del autor, los intelectuales, los pensadores, los profesionales y las élites han desgobernado este bohío desde hace décadas, y mire cómo vamos como país.
PELIGRO: Creer en voces bonitas, y cuando la sabidurias de esos con trajes y corbatas y con un nivel de manipulacion y conansias de poder y de robar los recursos de nuestro pais ocupa el lugar de las ideas. Babosos sinverguenzas.😒😒😒
Faltó una observación.
Cuando la honestidad obtiene un precio
Y
Cuando los pseudos políticos heredan los cargos.
No veo la hora en que se le pueda preguntar a un periodista o político el origen de sus fortunas.
Cuántos podrían hacer una declaración jurada de sus bienes?
SI SI MUY BUEN ARTICULO ESOS FALSOS PROFETAS APOYADOS POR LOS MALOS POLITICOS DAN ESTE TIPO DE SITUACIONES DESENFOCANDO A LA GENTE COMUN DE LOS VERDADEROS PROBLEMAS CUANTA GENTE TONTA