El peligro de no dormir bien

BARCELONA.- Dormir mal no le dejará simplemente con cara de sueño. También se asocia con los accidentes cerebrovasculares (ACV) y con un menor suministro de sangre al corazón, según un estudio reciente.

«Dormir mal» incluye dormir demasiado poco o demasiado tiempo, tener dificultades para quedarse dormido y tener dificultades para seguir dormido, comentó el investigador principal, el Dr. Nobuo Sasaki.

«Dormir mal se asocia con las enfermedades cardiovasculares… pero el tipo de problemas del sueño que son más riesgosos no está bien documentado», dijo Sasaki, de la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica de Hiroshima, en Japón.

Los investigadores se propusieron estudiar los problemas del sueño asociados con el ataque cardiaco y la angina de pecho (la enfermedad arterial coronaria) y el ACV.

La enfermedad arterial coronaria es provocada por el estrechamiento de las arterias cardiacas. Esto significa que al corazón llegan menos sangre y oxígeno, lo que aumenta el riesgo de ataque cardiaco y de dolor de pecho (angina), según la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association).

El estudio observacional contó con casi 13,000 hombres y mujeres que viven en Hiroshima. Esas personas, con un promedio de 68 años de edad, estaban inscritas para recibir un chequeo anual de su estado de salud. Casi 800 tenían antecedentes de ataque cardiaco, angina u otras afecciones asociadas con una reducción del flujo sanguíneo en el corazón. Los investigadores dijeron que 560 tenían antecedentes de ACV, y aproximadamente 11,500 no presentaban ninguna evidencia de enfermedad cardiaca.

Los voluntarios rellenaron un cuestionario sobre sus hábitos de sueño. Había siete posibles puntuaciones del sueño que variaban desde una opinión personal leve respecto a un sueño de mala calidad hasta una pérdida de sueño que alterara el funcionamiento diario normal. Cuanto mayor era la puntuación, peor era la calidad del sueño de los participantes, indicaron los autores del estudio.

Entre los pacientes con una enfermedad arterial coronaria previa, el 52 por ciento dormían mal. Lo mismo fue cierto para el 48 por ciento de los supervivientes a un ACV y para apenas el 37 por ciento de los que no tenían antecedentes de enfermedad arterial, mostraron los hallazgos.

El estudio no muestra una relación causal directa. Aun así, los resultados «respaldan la hipótesis de que un deterioro del sueño podría llevar a sufrir una enfermedad cardiovascular», dijo Sasaki. Cuando los investigadores tomaron en cuenta otros posibles factores contribuyentes, encontraron un vínculo significativo entre dormir mal y la enfermedad arterial coronaria.

Despertarse por la noche, no dormir lo suficiente y la fatiga durante el día se asoció con una reducción del flujo sanguíneo al corazón. Tener problemas para quedarse dormido y depender de las pastillas para dormir se asoció con la enfermedad arterial coronaria y con el ACV, encontró el estudio.

Los resultados del estudio se presentaron el martes en la reunión anual de la Sociedad Europea de Cardiología, en Barcelona, España. Los hallazgos se deben considerar preliminares hasta que se publiquen en una revista médica revisada por profesionales.

JPM

OIM desmiente pretenda acoger refugiados en zona Punta Cana

Santo Domingo, 22 mar (EFE).- La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) aclaró este viernes que el Centro de Atención, Referencia y Recursos para Migrantes (CARE) que opera en Punta Cana no es para acoger refugiados, después de que circularan informaciones en ese sentido en las redes sociales y algunos medios.

Esta oficina está diseñada «para proporcionar orientación gratuita a migrantes de todas las nacionalidades que residen en la zona en relación con procedimientos y trámites migratorios en el marco de las leyes dominicanas», de acuerdo con una nota de la OIM.

NO OPERA NI ADMINISTRA CENTROS DE REFUGIO

La organización aclaró que «no opera ni administra centros de refugio o asilo», ya que esto está fuera de su mandato institucional.

Asimismo, afirmó que respeta la soberanía de la República Dominicana en la definición y aplicación de sus políticas migratorias, tal y como lo hace con los 161 Estados miembros en donde existen oficinas de país.

La OIM es un organismo de cooperación técnica alineado a los requerimientos de los gobiernos y trabaja en beneficio de los migrantes, y en ese sentido colabora con los gobiernos para una migración segura, regular y ordenada, añadió la nota.

CANCILLERÍA ASEGURÓ GOBIERNO NO HA AUTORIZADO

Previamente, la Cancillería dominicana aseguró en un comunicado que el Gobierno no ha autorizado ningún centro de acogida de migrantes, ni la OIM lo ha solicitado, sino que se ha tergiversado una invitación de ese organismo para el relanzamiento de una oficina instalada desde diciembre en la zona de Punta Cana.

El CARE de la OIM tiene como objetivo proveer atenciones a personas vulnerables en la zona, agregó.

Este tipo de apoyo de la OIM ayuda a aliviar la carga del Estado dominicano al lidiar con la inmigración irregular y en nada impide la aplicación de la Ley General de Migración, afirmó. EFE

mf/acm

ONU suspende apertura centro para migrantes en Punta Cana

Final del bochismo? (2 de 2)

Las ambiciones de liderazgo personal no afloraron en el PLD mientras Juan Bosch vivió —pero permanecían latentes— y después de su fallecimiento salieron a flote, adquiriendo una inusitada fuerza tras el regreso de Leonel Fernández al poder en el 2004 y su repostulación en el 2008, que aplastaron momentáneamente las aspiraciones de Danilo Medina de vengar su derrota electoral del 2000; y fue a partir de entonces que comenzaron a violentar las bases del boschismo.

Esas ambiciones de poder —mezcladas a la sed de enriquecimiento— crearon resentimientos en la capa direccional de un PLD que carecía de la supervisión de su ideólogo y antepusieron a la tribu la ambición personal sobre la  disciplina y el lema de un partido que, antes de ascender al poder, limpiaba e higienizaba las plazas en donde celebraba sus mítines.

Leonel Fernández

El sueño boschista de construir un Estado soberano comenzó a ser minado por la praxis de un hacer balaguerista anexado al neoliberalismo y a la visible rivalidad que afloraba entre los herederos de ese sueño, los cuales deseaban igualarse a una estructura empresarial que permanecía al acecho para imponer su hegemonía.

El demonio

A esa mixtura de ambiciones se agregó un demonio que arribó al país en el 2002: la Constructora Norberto Odebrecht, de Brasil, que trajo consigo la llave que abrió la puerta a la corrupción total del Estado, y cuyos sobornos echaron abajo el viejo pattern del 10 y 15% de sobrevaluación en los contratos.

Odebrecht estrenó el venenoso recurso congresual de las adenda, que elevaba los contratos de las obras —después de adjudicados— en hasta un 50%; y todo con la aprobación presidencial.

El primer contrato a Odebrecht [2002] se firmó para la construcción de un acueducto que llevaría agua potable a las provincias Santiago, Valverde, Santiago Rodríguez, Montecristi y Dajabón: el Acueducto de la Línea Noroeste.

Este contrato comenzó un periplo delictivo que se magnificó —años después— con Punta Catalina, el esplendor maquiavélico de la corrupción, el cuerpo total de un iceberg que emergió tras el asesinato de una ideología químicamente pura: el boschismo.  

Juan Bosch.

El malestar hiperbolizado por Odebrecht alimentó conductas cuyas huellas se movían en el país desde la independencia y provocaron divisiones entre los trinitarios, como el exilio de Juan Pablo Duarte, en 1844.

Ausencia de moral

Esas huellas obligaron a Juan Bosch a retirarse como cuentista en 1964 y comenzar su travesía como ensayista en Benidorm, comprendiendo que la corrupción [del latín corruptio, lo opuesto a la generación de vida; lo que se echa a perder, se descompone y pudre], tiene la facultad de dividir y sepultar conciencias, y que el padre de la sociología, Auguste Comte, definió como “la demolición gradual de la moral pública [porque] el problema social es un problema moral” [Ouvres, tomo IV: Cours de philosophie positive, 1830-42].

Sí,  Bosch sabía que la ausencia de moral podía convertirse en un virus que destruiría al PLD, tal como había destruido a la mayoría de los partidos en la historia política del país.

El debate debería centrarse en Leonel y Abel

El presidente Luis Abinader tiene cultura del debate, lo cual es expresión genuina de su aprecio por la democracia. En el pasado reciente acudió en dos ocasiones a encuentros para debatir ideas, cuando fue candidato presidencial, pero los otros contendientes, entre ellos Danilo Medina, el hoy presidente del PLD, no acudieron.

En República Dominicana predomina el criterio de que quien está ganado no confronta pareceres con quienes aparecen por debajo en la aceptación de los votantes. El doctor Leonel Fernández, candidato de Fuerza del Pueblo, llegó a expresar que no tenía con quién debatir, pues los contendores no sabían conceptualizar.

Leonel Fernández

En la militancia del PRM (Partido Revolucionario Moderno) hay quienes sustentan el criterio que pusieran en boga los dirigentes peledeístas (verdes y morados) y por eso opinan que Luis Abinader no debe comparecer al debate que organiza la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios, a efectuarse  el 24 de abril.

Abinader se muestra coherente al aceptar la convocatoria de ANJE, pero pudo acogerse a la cláusula   reivindicada por sus predecesores, porque lo autoriza a no comparecer, en cumplimiento de un postulado que ya es consuetudinario. Es costumbre que quien está delante no va a debate. Y la costumbre tiene fuerza de ley.

 

Sin proponérselo, Abinader da otro ejemplo de diferenciación con el pasado político dominicano, se trata en realidad de una nueva historia la que vivimos. El debate, según me parece, debería centrarse en Leonel Fernández y Abel Martínez, quienes se disputan el segundo lugar en la preferencia del electorado.

Fernández aventaja a Martínez como candidato, según revelan las encuestas, pero el PLD supera a los fupistas como partido. En las elecciones del 18 de febrero, el PLD obtuvo un promedio de 22.38% de los votos, mientras Fuerza del Pueblo solo alcanzó el 14.22%. Hay que ver cómo se expresará en los comicios del 19 de mayo.

Abel Martínez

El segundo lugar en preferencia determinará quién será el líder de la oposición. Fernández es un ex jefe de Estado, no puede desatender esa posición y menos que le sea arrebatada por un líder regional, recién iniciado en la carrera presidencial, por demás, como es el caso de Martínez. Entre ellos se justifica el debate.

Los paralelismos de nuestra política con la pelota nunca faltarán. “Pelótica”, llama Juan Bolívar Díaz a este fenómeno. Esta vez, vale decir que Abinader ya ha clasificado para la final, falta determinar quién será su contrincante, si Martínez o Fernández. Uno -eso sí- será el subcampeón de la justa y la principal figura de la oposición.

JPM

El sí de Luis al debate

Mientras Leonel Fernández y Danilo Medina fueron presidentes de la República y candidatos por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), nunca le dieron el sí a los debates electorales, como acaba de hacerlo el presidente y candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM), Luis Abinader, a solicitud de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE).

Cuando la ANJE inició la promoción de los debates, en el año 1998, el país estaba gobernado por el entonces joven presidente, Leonel Fernández, quien dos años antes, en las elecciones de 1996, pidió la oportunidad de debatir con el líder y candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Francisco Peña Gómez, quien era entonces el favorito para ganar las elecciones.

Sin embargo, siendo presidente, en las elecciones del 2008, Fernández se negó a participar en el cara a cara electoral, bajo el discriminatorio argumento de que sería inútil debido a que los demás candidatos no sabían conceptualizar los temas.

Tomando en cuenta la no obligatoriedad de los debates y la elevadísima intención de votos de un 64% a favor de Luis Abinader, reflejada en la última encuesta Gallup, pocos creían que aceptaría ir a un cara a cara.

No obstante, con un notable sentido de la historia, sesenta y cuatro años después del primer debate presidencial televisado, entre John F. Kennedy y Richard Nixon, celebrado en el año 1960 en Chicago, Luis Abinader tomó la histórica decisión de dar el primer gran paso hacia la construcción de la cultura del debate electoral.

Los debates contribuyen con la formación de electores informados. A decir de Manuel Campo Vidal, en La cara oculta de los debates electorales, “aparecen como una de las pocas ventanas de información abiertas a todos. Unas ventanas imprescindibles para que unos y otros escuchen a su candidato con fervor, pero también para que durante un par de horas puedan conocer argumentos y desmentidos del contrario”.

En ese sentido, el referido autor sostiene que los debates electorales refuerzan su importancia porque “no solo permiten conocer propuestas y probar la resistencia de los candidatos en situaciones de máxima tensión, sino que son un espacio en el que la búsqueda del impacto en la audiencia se impone como recurso para atraer a indecisos. Y se hace desde el convencimiento de que lo que suceda en el debate puede resolver polémicas arrastradas hasta aquel momento y orientar la campaña en los días siguientes”.

Asimismo, el debate puede llegar a influir en la votación, salvo catástrofe, así como también en la participación electoral y en el liderazgo.  Conforme a lo expresado por Campos Vidal, está comprobado que siempre hay más participación electoral cuando se han celebrado debates cara a cara, y no solo entre los votantes de los partidos que participan.

¿Quién ganará el debate? Muchos creen que el mejor orador es el ganador natural de un debate electoral. No siempre es así. Un buen orador puede ser excelente, por ejemplo, para un mitin o una conferencia, pero pésimo para un debate. El manejo directo y el conocimiento de temas obligados del debate, como la economía y la crisis haitiana, le dan la ventaja a Luis.

Mientras tanto, con su histórica decisión de hacer realidad el debate presidencial, ya Luis ganó el primer debate electoral.

jpm-am

Cambios en la Semana Santa

Cada año, desde que se aproxima la Semana Santa, se reactivan dos bloques sociales en el país. El primer bloque es de tipo religioso y propugna porque durante la Semana Santa las familias se recojan en sus hogares y se dediquen a la reflexión, porque asistan a los templos cristianos buscando su reconciliación con Dios y a expresar con oraciones fervientes el agradecimiento eterno a Jesucristo por su sacrificio de hacerse hombre y venir a la tierra a pagar con su sangre por los pecados de todos los seres humanos, que heredamos el pecado de Adán y Eva en el Edén-

El otro bloque tiene carácter comercial y promueve los deportes en los ríos y las playas, las reuniones grupales y las manifestaciones de alegría, como una forma de expresar la gratitud a Jesucristo. Todo esto, tendente a estimular las fiestas y el consumo de bebidas alcohólicas, tanto en las playas como en las ciudades, logrando cada año, grandes ventas de sus productos.

Generalmente, las familias que se deciden por visitar playas, ríos y lugares turísticos buscan entretenerse y disfrutar y se olvidan de los motivos religiosos que dan origen a estas celebraciones. Esta particularidad es aprovechada por los comerciantes para elevar los precios de todo lo que se consume, sobre todo de la carne de pescado, que es muy requerida por las personas que se abstienen de comer carne roja durante toda la Cuaresma, o al menos durante la Semana Santa.

También muchos hoteles suelen hacer lo mismo. Recuerdo que hace un año fui por razones de trabajo a Barahona el Lunes Santo. Había hecho mi reservación en un hotel del malecón de dicha ciudad. Después de iniciar el registro de mi llegada al hotel, me encontré que al momento de pagar me cobraban exactamente el doble del precio que me habían dado al momento de hacer la reservación. Como justificación me dijeron que en Semana Santa, los hoteles duplican el precio de sus habitaciones. No valieron los reclamos.

Al comentar la experiencia a un colega, me dijo que a él le había sucedido lo mismo en el mismo lugar y optó por irse a otro hotel. Pero de paso fue a la fiscalía a levantar una querella y si mal no recuerdo, también a la oficina de control de precios, lugares en donde tomaron su querella, pero posteriormente no hicieron nada. De modo que de poco sirvió el que hiciera su berrinche y se molestara en ir a quejarse.

Las costumbres y tradiciones han cambiado mucho con el tiempo. En mi niñez, a nadie se le ocurría ir de fiesta a una playa en Semana Santa y, de hecho, la ingesta de bebidas alcohólicas estaba prohibida. Es más, hay que decir que existían leyendas de que las mujeres que se bañaban en la playa se convertían en sirenas y, se sobreentendía que en esos días no se debía tener relaciones sexuales, En las casas se preparaba locrio de arenque o de bacalao para no ingerir carne roja y con mucho recogimiento solo se salía de las casas para compartir con los vecinos habichuelas o habas con dulce, sobre todo el Viernes Santo.

Había quienes proclamaban que desnudarse, por la razón que fuera era pecado, lo que conllevaba a que en esos días se desmejorara la higiene personal en la mayoría de los creyentes fervorosos, pues solo se daban baños de aseo. El único día en que había manifestación de alegría era el Domingo Santo. En todos los barrios se preparaba un muñeco al que se solía vestir bien y se le colgaba de un poste, simbolizando el ahorcamiento de Judas, después de traicionar a Cristo por 30 monedas de plata.

En algunos lugares, después se inventaron rellenar el muñeco de cohetes y después de colgado le prendían fuego y era frecuente tener que correr huyendo a las explosiones y el fuego de los cohetes.  Estas cosas ya no se ven y lo común es que el sábado por la noche se anuncien fiestas con orquestas en numerosos lugares.

Me parece una pena que se hayan ido diluyendo hasta casi perderse estas tradiciones tan ingenuas y hermosas. Creo que se deben seguir tomando esos días para la reflexión, la asistencia a los templos y la búsqueda del perdón de los pecados. A fin de cuenta, los paseos playeros acompañados de la ingesta de alcohol a lo que han dado lugar es a que cada año se incremente el número de muertos y heridos en accidentes automovilísticos y reyertas.

jpm-am

Entre fuego y victoria

Las cárceles son ahora centros de rehabilitación para lograr la reinserción social, de acuerdo con las autoridades y aunque hay leves cambios como el acceso a formación académica, a un limitado, qué lejos queda  esa proclama de una realidad tan grotesca, pintada en las entrañas de esos recintos.

Las penitenciarías fueron concebidas como lugares para encerrar a las personas constituidas en peligro para la sociedad, para aislarlas y castigarlas, no para reformarlas y pese a que esa estrategia cruel, inhumana ha sido variada en discurso, la práctica requiere  más esfuerzos.

Es imposible transformar un sistema aberrante, grotesco, un realismo mágico destructor sin pensar en el ser humano como protagonista, en sus derechos básicos, alimentación, educación, salud y espacio, claro espacio.

El hacinamiento  en el que viven miles de reclusos, de privados de libertad, si vivir es el término, permite las atrocidades más grandes, atenta contra la seguridad y afecta su salud de manera severa.

Punto por punto son desglosados los daños que permean al sistema,  y perjudican a esos seres humanos pero la voz que clama en el desierto choca con las piedras, con el muro  de poder que reprime sus gritos.

Así cae en el vacío la venta de camas, de celdas exclusivas, el desasosiego de preventivos con coerción de tres meses que ven pasar tres años, hasta por simplezas como que no hay esposas y esa amplia lista de corrupción rampante a ojos de todos  que nadie nota.

Esta degradación que deforma aún más y es una ofensa a la sociedad entera, es la que debe prender en fuego para que cantemos victoria.

jpm-am

¿Cómo medir la felicidad de los pueblos?

Las medidas tradicionales de crecimiento económico y desarrollo humano se han centrado siempre en los ingresos y posesiones materiales, pero ignoran la importancia del bienestar y la felicidad de la sociedad.

En ocasión de celebrarse el pasado 20 de marzo el día de La Felicidad, propicia es la ocasión para resaltar la necesidad que tienen los pueblos de diseñar mecanismos que apuntalen hacia la medición de los niveles de felicidad que debe reflejar cada ciudadano en su diario vivir.

Independientemente de que se midan mediante la creación de indicadores los niveles de desarrollo económico y humano, se hace necesario, además, repensar cómo medir el bienestar social y la felicidad de la gente.

Y aunque se reconoce la importancia y relevancia de este componente, la medición de la felicidad no es un indicador comúnmente monitoreado por los gobiernos. Esto es lamentable.

Desafortunadamente, el enfoque de los gobiernos se ha desalineado notoriamente, con un énfasis excesivo en los aspectos materiales y económicos y una mínima orientación hacia el nivel de felicidad que puedan mostrar las personas.

En pocas palabras, hay cosas en la vida más importantes que la adquisición de bienes materiales, el simple consumo o el ingreso per cápita de un país.

Dado que el bienestar y la felicidad de la sociedad deberán ser siempre elementos de primer orden, éstos deben medirse, monitorearse e incluirse como indicadores claves dentro del desarrollo e implementación de políticas y estrategias gubernamentales.

Si bien actualmente hay muchas formas de hacer esto, al observar los enfoques utilizados por algunos países, y la OCDE, y hacer un balance de los conocimientos sobre la economía de la felicidad, ya es posible dar pasos en la dirección correcta de diseñar dichos indicadores.

La felicidad es algo que concierne más al aspecto emocional y mental, y por lo tanto podemos medirla haciendo preguntas, es decir, pidiendo a la gente en qué medida disfrutan de la vida como un todo.

En ese sentido la felicidad debe tornarse como un objetivo viable dentro de las políticas públicas. Para lograrla se propone: prosperidad, seguridad, libertad, igualdad, vecindad, justicia, vínculos de familiaridad, amistad, entre otros.

No hace mucho se expuso ante Naciones Unidas la Felicidad Nacional Bruta, y se dejó establecido el Índice de Felicidad Bruta, indicador que mide la calidad de vida, incluyendo lo psicológico, emocional y material.

Significó ello un cambio al pasar se centrarse, de manera exclusiva, en el crecimiento económico y desarrollo social, a incorporar otros elementos como la “preservación y promoción de valores culturales, la conservación del medio ambiente y la implementación de un buen gobierno”.

Algunos países han promovido iniciativas enfocadas en la felicidad, como el caso de España, Dubái, Venezuela, India, algunos de los cuales han llegado a crear, incluso, Ministerios de la Felicidad.

La misión de estos organismos sería la de observar el bienestar de la población y enseñar cómo ser más felices y tolerantes a través de programas sociales debidamente focalizados.

En definitiva, ¿Para qué sirve un Gobierno si no se preocupa por la felicidad de la gente?, por lo que estamos compelidos a cambiar los indicadores de éxito y desarrollar nuevos índices que nos permitan conocer qué necesita la gente para ser feliz y diseñar las políticas públicas necesarias para satisfacerla.

jpm-am

¿Hemos experimentado un cambio genuino?

 

No es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque nuevas aguas corren siempre sobre ti, expresó el eminente filósofo Heráclito, padre de la dialéctica, aludiendo que en la naturaleza, lo único absoluto es el cambio, un principio con el cual muchos estamos de acuerdo. No obstante, existen ciertas características en la sociedad dominicana que parecen inmutables, intrínsecas a ellas mismas, expresado de otra manera, que solo se transforman, al igual que la materia o la energía.

Partiendo de los últimos resultados de la encuesta Gallup, algunos planteamos que en ella existen algunas discrepancias, aunque, debo aclarar, que no me inscribo dentro de los que desacreditan la encuesta, puesto que creo que se ha ganado la credibilidad de la que hoy goza, como fruto de los buenos resultados que ha mostrado a través de los años. Retornando a los números de la medición, donde expresa que la mayor parte de la población considera que sus mayores preocupaciones son el alto costo de la vida y la inseguridad ciudadana.

De igual forma, los encuestados dicen que su situación personal ha empeorado en los últimos 3 años, asimismo manifiestan, que el país va por mal camino. Sin embargo, cuando les preguntan sobre el presidente, ellos consideran que este debe continuar, y su aprobación se eleva a un 70%.

Pregunto: ¿acaso no es responsabilidad del gobierno la seguridad nacional y el control de precios? Hasta donde tenemos entendido, la respuesta es afirmativa.

Debo expresar que estos datos, dada su notable incoherencia, despertaron en mí (un joven estudiante de ciencias políticas, inquieto por autonomasia) el deseo de investigar si este comportamiento de la sociedad dominicana tiene antecedentes. Esto me llevó a analizar el fenómeno desde una perspectiva sociológica.

Tenemos necesariamente que ubicarnos en medio de la dictadura trujillista que se mantuvo durante 31 años. En aquella época histórica, Trujillo estuvo entre las principales 6 personas en el mundo con más dinero, lo cual era lógico, porque el país le pertenecía. Al momento de su muerte, existían 111 empresas de su propiedad. Como todo régimen, para perdurar en el tiempo, debía aplicar acciones autoritarias, como, por ejemplo, perseguir a quienes se oponían a esa forma de gobierno. De igual manera, se llevaban a cabo expropiaciones de las pertenencias de las personas si Trujillo lo consideraba necesario (entre otros elementos negativos que conocemos).

En 1991, Juan Bosch recordaba haber advertido a otros exiliados revolucionarios que se embarcaron en una invasión a la República Dominicana a finales de 1950 que estaban equivocados si pensaban que solo enfrentarían al ejército del sátrapa y a nadie más. En adición a los soldados, tendrían que combatir a los campesinos. El campesinado enfrentó a los patriotas que combatieron al déspota, y en muchos casos, fueron ellos quienes entregaban a los guerrilleros.

Paralelamente, debemos recordar que el 30 de mayo de 1961, cuando el pueblo se enteró de que le habían dado muerte al dictador, un segmento importante de la ciudadanía salió a las calles en una evidente actitud de lamento. Algunas expresiones fueron: «¡Ay, lo mataron! ¡Ay, lo mataron! ¡Mataron al jefe…! ¡Ay, qué será ahora del país! ¡Esto será una desgracia!»

Debo aclarar que no intento manifestar que estamos en una dictadura, no, esos tiempos pasaron. Ese respaldo del trujillismo en las capas bajas del país y parte de las clases medias y altas se debió a las medidas populistas que implementó el régimen, como también se hace en el presente, poniendo en marcha un sinnúmero de incentivos sociales en medio de la campaña para ganar el favor del votante. Lo lamentable es que esa asistencia es suficiente para que algunos olviden el tiempo previo de calamidad por el que atravesaron.

En síntesis, la dinámica de nuestra sociedad sugiere que no ha experimentado una transformación significativa; persistimos en la tendencia de abrazar a aquellos que, paradójicamente, representan nuestra opresión, en lugar de explorar vías alternativas que promuevan genuinamente nuestro avance colectivo.

Por último, planteo una interrogante que requiere una profunda reflexión: ¿Hemos experimentado un cambio genuino?

Un proyecto político que enamore al pueblo dominicano

A menos de dos meses de unas elecciones determinantes para el futuro de la República Dominicana, nos enfrentamos a una inquietante realidad: la ausencia de un proyecto político que cautive al pueblo y ofrezca soluciones genuinas a las adversidades diarias que soportamos. Esta carencia no solo subraya una crisis de liderazgo, sino también una profunda desconexión entre la clase política dominante y las aspiraciones del pueblo.

La apatía y la desconfianza hacia nuestros políticos no son fenómenos nuevos; son el resultado de años de promesas vacías, corrupción desenfrenada y una flagrante indiferencia hacia las necesidades del ciudadano común. La clase política dominante, en su mayor parte, se ha mostrado incapaz de presentar propuestas que aborden de manera efectiva los desafíos que enfrenta nuestra sociedad, desde la educación y la salud hasta la seguridad y el empleo.

Este panorama desolador de políticos desconectados y promesas incumplidas ha dejado a muchos dominicanos desilusionados y escépticos. La pregunta que resuena entre nosotros es clara: ¿cómo avanzaremos si carecemos de líderes que inspiren cambio y progreso? ¿Es posible mejorar nuestra realidad sin un proyecto político que vaya más allá de la retórica vacía y busque una transformación auténtica?

El Frente Cívico y Social sostiene que los dominicanos merecemos más que la mera palabrería y las promesas sin fundamento. Anhelamos líderes que no solo hablen, sino que actúen con planes bien fundamentados y un compromiso inquebrantable con el bienestar colectivo. Líderes que enfrenten con valentía los problemas estructurales de nuestra nación, en lugar de perpetuarlos con su inacción o, peor aún, su complicidad.

La clase política debe entender que su tiempo de actuar con impunidad y sin rendición de cuentas ha terminado. La ciudadanía exige transparencia, integridad y una verdadera alineación entre lo que se promete y lo que se entrega. No nos conformaremos con elegir el «menos malo»; buscamos activamente a aquellos capaces de encender nuevamente la esperanza en nuestros corazones y fortalecer nuestra fe en un futuro próspero y justo.

En el umbral de estas elecciones, cada voto debe ser un acto de conciencia crítica. Es imperativo que los electores escudriñen las propuestas de cada candidato, evaluando su factibilidad y el impacto tangible en nuestras vidas. No podemos caer en la trampa de las falsas promesas o las campañas sin sustancia. Es esencial exigir un compromiso real con el desarrollo y la dignidad del pueblo dominicano.

Si los candidatos actuales no logran romper el ciclo vicioso de corrupción y desgobierno, el pueblo tiene el legítimo derecho de optar por el voto nulo o la abstención. Es un mensaje claro de que la mediocridad y la falta de visión ya no serán toleradas.

Desde el Frente Cívico y Social, creemos firmemente que el cambio verdadero comienza con nuestra capacidad para discernir entre lo auténtico y lo superficial. Es momento de unirnos como ciudadanos informados y comprometidos para forjar ese proyecto político que verdaderamente resuene con los anhelos del pueblo dominicano, un proyecto enraizado en la justicia, equidad e igualdad. Solo así, manteniendo firme nuestro compromiso con una República Dominicana mejor, lograremos el cambio anhelado.

¡Despierta RD!

jpm-am

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